Crítica de BEGINNING: «Danza en el limbo»

Una de las secuencias más espontáneamente intimidatorias e intrínsecamente turbadoras del cine contemporáneo, se daba lugar en un usual vagón de metro. La aparente banalidad de la situación y el espacio, distaba mucho del resultado que Michael Haneke iba a transformar en apenas cinco minutos de opresiva languidez  estática. En aquella secuencia de “Código desconocido”, la cotidianidad – desprovista de todo factor artificial – del viaje de una mujer y su consiguiente enfrentamiento involuntario con dos jóvenes, hablaba paradójicamente de la incomunicación, la violencia, la degradación social y la amoralidad del ser humano, impulsado a través de la subjetividad en el encuadre y el fuera de campo.

Aquel noqueo sensorial que provocaba el salvajismo silenciado en ese usual vagón de metro, reaparece en el inicio de “Beginning”, sorprendente en cuanto a la evocación de la asfixia, del control y manejo de los elementos formales de construcción fílmica, pero más sorprendente aún cuando se trata del inicio de una ópera prima, la de la georgiana Dea Kulumbegashvili.

Una escena de «Beginning»

Las variaciones contextuales son evidentes, debido al impulso de una orientación diversa en cuanto a la disposición de perspectivas a debate, donde la incisión en el ámbito social subvierte el punto de vista o más concretamente la focalización elegida, pero sirviendo de puente entre las dos miradas, lo que está claro es que a través de la simplificación formal y el refinamiento inherente, la imagen se convierte en el objeto esencial para narrar aquello que no escuchamos, aquello que simplemente no se dice.

La focalización previamente mencionada y que Dea Kulumbegashvili elige para desarrollar la trama, es la de una mujer precisamente enclaustrada inicialmente en un segundo plano, ya que se trata de la esposa del líder de una comunidad cristiana que es atacada por un grupo extremista. Se abre aquí un estado de transmutación sutilmente alentado por la radicalidad que empapa la obertura de la película, así como por la propia alteración de los elementos conductores del argumento. Es así, “Beginning” comienza con una secuencia coral de violencia desconcertante, y cuando absortos por la dilatada línea compositiva de una imagen poderosamente realista, se obra el milagro de la traslación onírica. El resto, la danza en el limbo.

La subdivisión de estos dos mundos paralelos confluye mediante el hieratismo conceptual, puesto que Kulumbegashvili utiliza el reducto aletargado de la ensoñación para llevar a la elucubración las miserias sociales que descomponen la quietud de la protagonista. Se esgrime una búsqueda del propio ser, el valor de las decisiones y el cuestionamiento de su posición en la sociedad, y donde realmente la película propulsa ese contenido es a través del encantamiento, donde el misterio que esconde el otro lado del espejo, nos hace entrever el verdadero conflicto del personaje, siendo partícipes en la invocación del extrañamiento.

Quizá no sea una película fácil, pero “Beginning” es el resultado de una mirada valiente, que arriesga y se aventura a alterar los códigos cinematográficos con una habilidad extraordinaria, y que sucumbe ante las líneas que crean la dualidad de la realidad y la fantasía, para así instaurar un universo donde el dolor y el sueño caminan estrechamente de la mano.