EL FARO: «El sexo y lo monstruoso»

Es difícil pensar en una película tan extraña y perturbadora como The lighthouse, última inmersión en el terror de Robert Eggers, director de la fantástica The witch, pero es algo que merece la pena hacer. A simple vista, el argumento es básicamente la historia de un farero y su ayudante que tienen que cuidar de un faro residente en una isla cercana a Maine a finales del siglo XIX, pero, debido a las tormentas y tempestades, el tiempo en la inhóspita isla se verá obligado a prolongarse de forma inexacta. Ambos personajes se ven en consecuencia atrapados y obligados a trabajar en las condiciones más bastas y duras que cabe imaginar. Mientras un, casi, paródico marinero llamado Thomas Wake (Willem Dafoe) como farero al mando con una aterradora adicción al alcohol y un subordinado Ephrain Winslow (Robert Pattinson) como un sensible (en apariencia) lector de poesía conviven juntos, los personajes (y con ellos el espectador) pasan días que se convierten en semanas y luego en meses. Derivado de esto, llega un punto en el que es difícil distinguir la longitud del tiempo y la realidad de lo imaginario, convirtiendo la película en un misterio lleno de detalles y matices que huelen a salitre.

La idea de aislar a dos hombres que huyen de crímenes, de sus propios instintos en realidad, en busca de una nueva vida en la que encontrar un futuro mejor, un nuevo trabajo o un mejor sueldo quizá, dentro de un faro se ve tremendamente ligada a la anterior película de Eggers (The witch), película en la que una adolescente en pleno siglo XVII se ve atrapada en un círculo fanático y patriarcal que pretende aislarla. Es decir, mientras The witch hablaba del deseo de libertad de las mujeres, del deseo por salir del aislamiento, The lighthouse parece erigirse como el deseo masculino de aislamiento auto inducido en su heterosexualidad (El faro, o el falo según se piense, que lleva el título de la película). En pocas palabras, la esclavitud del pene y de la heterosexualidad masculina como una carga represora. Es así como sus dos personajes principales (impresionantes Willem Dafoe y Robert Pattinson) se hayan en mitad de esa isla en tierra de nadie con el alcohol, la masturbación, el trabajo y la represión como únicos entretenimientos. De esta forma, Eggers plantea la homosexualidad como una terrorífica pesadilla para el personaje de Winslow (quien admite enfadado en una escena de la película desear comerse un filete más que nada en el mundo o cuando es incapaz de mantener relaciones con la sirena).

‘The lighthouse’

Aparte de eso, la idea de convertir el sexo en un deseo forzado por lo monstruoso, convierte a la Freudiana The lighthouse, película psicoanalítica donde las haya, en un terrorífico, absurdo o extraño si se prefiere, test de Rorschach en la que el espectador se verá saturado de símbolos, criaturas míticas, una extraña fotografía expresionista en 1:1 que recuerda al cine mudo y momentos que le obligarán a relacionarse con el espejo y su superyó. Por lo demás, solo queda a los espectadores recomendarles asistir a la experiencia inmersiva en el caos tormentoso de The lighthouse.