MADRE: «Volver»

Los lazos que afianzan la prueba de extensión sobre pulsiones temáticas concretas son infinitos, ya que la inquietud por incidir más explayadamente respecto a una historia contada en un formato más acotado o simplificado, es motivo suficiente para ofrecer una perspectiva más amplia y estructuralmente enjundiosa. La necesidad por traspasar un trabajo previo, definido por la categórica elección de cortometraje, a un proyecto de mayor duración, trae consigo dos percepciones distintas que pueden darse en cada uno de los casos.

Un ejemplo azaroso. En “El sueño de Ana”, Jose Luis Torres Leiva filmaba el rostro de Amparo Noguera, en un esculpido deseo confesional producido por la ausencia, en la que la narración se centra en la lírica imaginativa de un personaje hablando sobre el recuerdo, desde el dolor que le produce la pérdida de su pareja. La fuerza del cortometraje traspasó la inevitable frontera de construir ese recuerdo desde un pasado no tan lejano en “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, un excepcional réquiem transcrito en el que el rostro recuperaba esa predominancia como pieza elemental del encuadre. Mismo concepto, mayor y más brillante amplitud.

Madre.

La otra percepción respecto a la decisión de establecer un recorrido más extenso, se da en “Madre”, de Rodrigo Sorogoyen. Del dispositivo verazmente efectista y taquicárdico construido en el cortometraje, al dilatado entronque con especial hincapié en la obviedad reiterativa. La inicial y adrenalínica toma de contacto con el cortometraje, es una prueba de cómo elaborar desde una partida minimalista un ejercicio de thriller absolutamente descriptivo, de cómo poseer una capacidad maestra para establecer tantos puntos temáticos en un reducido ámbito ficcional. En el largometraje, que sitúa la acción del corto en una metodología de continuación lineal, Sorogoyen permuta la tensión en tedio, la incisión terrorífica de la pérdida en una ambigüedad pretenciosamente honda sobre la maternidad y el recuerdo.

El principal aliciente sobre el que se vuelca la película es la presencia impasible de su personaje central, interpretado de forma quebrada y estéril por Marta Nieto, quien gesticula una vertiente destinada al desconcierto, a la duda irresoluble del pensamiento delirante, incapaz de afrontar la realidad debido a la pérdida de su hijo. La visión por parte de Sorogoyen no está exenta de su característica pomposidad visual, la pulcritud en el movimiento de la cámara, incluso con innecesarios puentes pirotécnicos más propios de “El Reino” que de esta película. El apoyo estético y el peso interpretativo no son capaces de salvar una película que, pese a la intencionalidad dramática y descriptiva del duelo, debería haberse cerrado en el final del cortometraje, el cual paradójicamente dejaba la puerta abierta a misteriosas teorías aquí irresolubles.