LIBERTÉ: «Al final de la escapada»

“Señores, la próxima vez lo haremos mejor”. La consecución verbal a un lánguido proceso de descomposición social y humana, y casi como una autoimposición referencial sobre su propia condición de cineasta, Albert Serra cerraba su anterior película, “La muerte de Luis XIV”, con tan ambigua y descarnada revelación, quizá alegórica, en cuanto a la funcionalidad translativa y hilvanadora del propio arte.

Al igual que el derivado proceso elíptico común en toda su obra – la clausura sutil a un gesto con el que abre a posteriori una nueva visión sin apenas denotar variaciones en el lapso temporal – vislumbramos “Liberté” como una continuación, un contraplano a dicha afirmación, como un retablo contextual definido desde el valor degradado de la moral. Por eso, el cine de Serra, y más en su última etapa, queda despojado de la misma, para así crear composiciones de una libertad fervientemente desbordante.

La fuente idiosincrática de Serra, constreñida desde la firmeza férrea del desdén – no precisamente peyorativo – hacia las más comunes corrientes de producción y realización fílmica, se revela como una excepcionalidad que trata de inmiscuirse en las finas ligaduras de estructuración artística, es decir, contempla una mirada que bucea en las diferencias que pueden separar las distintas artes para hacer diluir esas barreras, debido a su carácter radical, y llegar a una unificación íntegra, total.

Liberté.

Hablando de “Liberté”, diríamos que es el ejemplo en el que la perspectiva artística queda atribuida a un todo, no solo ligada a lo estrictamente cinematográfico. Es la principal cualidad que marca la diferencia con el resto de trabajos ajenos a la obra del cineasta, puesto que en ámbitos de análisis, la película es sublime en el uso diverso de elementos, pero va más allá, hacia una categoría que muy pocos pueden alcanzar, debido a la ya mencionada anomalía de su condición.

Un bosque. Los últimos vestigios de luz se ciernen sobre la unidad espacial en la pantalla. La primera prueba subversiva gira en torno al acercamiento del núcleo de la acción, en la que una voz narra con desazón la huída idealizada del libertinaje hacia un terreno incierto, al final de la escapada. El discurso en off que invade al espectador y lo pone en situación, se torna a un diálogo que estipula las bases que afianzan los movimientos de los personajes, esbozos desangelados que perpetran el deseo desde una naturaleza salvaje. La noche adelanta la tercera vía, el tiempo en el que se perpetúa el relato. Una noche. Estos condicionantes confabulan el centro primoroso de “Liberté”, lleno de contradicciones, donde la lujuria, el sexo y el exaltamiento del poder impuesto por el ideal libertino desatan toda una concatenación de actos autoconscientes de su propia faz escandalizadora. Albert Serra maneja la alternancia del dispositivo con una elegancia y excelencia exquisitas, incidiendo insistentemente en lo explícito como materia incandescente de transmisión social, puesto que el foco respecto a su película predecesora vendría a ser muy similar, consistente aquí en la testaruda reiteración del acto sexual como reflejo de la descomposición social y humana.

Si bien podría ser el trabajo más transgresor de Albert Serra, es sin duda una de las piezas artísticas más brillantes de los últimos tiempos. Un vendaval de furia erótica, de disfuncionalidad lasciva, de perversión escatológica…Una obra de voraz condición vertebradora – comunión excelsa gracias al estatismo instaurado y al tratamiento lumínico/espacial – con todas las artes. Albert Serra enfrenta al último Pasolini con la mirada conceptual sobre el placer y la belleza de Visconti, en un perfecto mecanismo de experimentación, subversión y evolución de los códigos cinematográficos. Irresistible obra maestra.