EL IRLANDÉS: El violento cuerpo del tiempo

Martin Scorsese, como muchos maestros del cine llegados a la vejez o a una época crepuscular (Marty aún es un toro salvaje de setenta y siete años), se dedica en la actualidad a realizar obras más centradas en resumir la experiencia humana acompasada con reflexiones personales que en la erótica del poder frente a una podredumbre moral de los violentos hombres que, en su mayoría, protagonizan gran parte de sus películas. Adjetivos como extravagante, excesivo u espectacular son algunas de los típicas perlas que se le suelen otorgar al director italoamericano, caracterizado con ritmos trepidantes, largas tomas de cámara con ángulos extraños e historias tan complejas, que no confusas, como ambiciosas. Frente a todo ello, historias en las que el eje central de sus narrativas suelen ser historias morales en las que el pecado y el vicio hacen frente a la justicia y la culpa como campos de batalla típicos de los antihéroes Scorsesianos.

Si su anterior película (Silencio) quebraba el poder de la palabra espiritual frente a la injusticia de los cuerpos físicos, extranjeros y de otra religión, que orbitaban alrededor de aniquilaciones retóricas y físicas, El irlandés ironiza la palabra de un mafioso anciano a las puertas de la muerte en nombre de la inconsciencia y sumisión, y de las fatales consecuencias que estas traen a la hora de rendir cuentas con el topoderoso, como eje vertebral de la propuesta. En pocas palabras, El irlandés es más propia de este último Scorsese, el introspectivo y crepuscular, que del anterior, más sensual y excesivo. Y le ha salido una obra maestra de las importantes.

El irlandés

La historia de El irlandés está protagonizada por Frank Sheeran (soberbio Robert De Niro), un veterano de la Segunda Guerra Mundial que acabó trabajando para la mafia de pura casualidad en la última mitad del siglo XX en Estados unidos. Sheeran acabó trabajando con un capo llamado Russell Bufalino (también soberbio Joe Pesci) al que le jura lealtad y fidelidad como matón, recadero y amigo. En medio de todo esto, un personaje catalizador de la tragedia personal que representa la disoluta vida de Sheeran: Jimmy Hoffa (el mejor Al Pacino en años), famoso sindicalista de una unión de camioneros relacionado con la mafia del que no se sabe cómo ni cuándo murió. Política, muerte, violencia, extorsiones y familias dejadas de lado aparte, El irlandés parece más interesada en reflexionar en lo qué parece ser, quede constancia que Scorsese no juzga a sus criaturas, la vida más desperdiciada e inútil que un ser humano haya vivido. El personaje de Sheeran (dotado de grandes microexpresiones de De Niro) es un ser indescifrable, calmado y frío, muy violento al mismo tiempo, que no parece tener ideas propias ni grandes luchas internas. Y sin embargo es el protagonista de una epíquisima historia de casi cuatro horas de duración. Sheeran es así la historia de un país, al servicio de malvados jefes, sin voluntad propia ni carácter que, tarde o temprano, tendrán que rendir cuenta ante sí mismos.

Todo ello se alía con la habitual gran virtud formal de la puesta en escena de Scorsese y del fotógrafo Rodrigo Prieto (con quien ya colaboró en Silencio y El lobo de Wall Street). Más allá de la puesta en escena, una de las principales características formales, y de las más originales y llamativas, de El irlandés es la aparición de intertítulos que nos cuentan a los espectadores, a modo de ruptura de la cuarta pared, la muerte de todos los personajes que se nos presentan como nuevos (todo disparos, ahogamientos, bombas…) y es quizá esa una de las rarezas negras que mejor hilan con un final en la vejez lleno de arrepentimiento, culpa y fragilidad (en definitiva de sombra), lo que quizá ha sido el personaje de Sheeran toda su vida aunque sea su «invierno personal» el que le obliga a desnudar todo el arrepentimiento y culpa por los pecados cometidos en vida antes de afrontar la muerte, algo que no parece dar tanto miedo como el hecho en sí de haber «vivido mal» la vida (lo que acerca, en mi humilde opinión, El irlandés al Vivir de Kurosawa).

No parece descabellado afirmar que el último Scorsese, ese menos centrado en el hedonismo y en la erotización de la maldad de sus criaturas que mencionábamos al principio de la crítica, haya encontrado una combinación de un tono más oriental con el que casar el occidental (cosa en la que Kurosawa, amigo de Scorsese, fue un pionero). Un cine trascendental, con algunas reminiscencias al ensayo de Paul Schrader que lleva dicho título, lleno de épica, repleto de complejos dilemas morales y reflexiones personales, acentuadas con la responsabilidad existencial de los seres humanos, orbitan en El irlandés, película que es actual y a la vez de otro tiempo, quizá atemporal (aunque negando toda mirada nostálgica para con las anteriores películas de gangsters del director).

El irlandés

El irlandés no parece cuestionar tanto las acciones y versiones posibles de acontecimientos históricos de una América ya muerta y desaparecida entre culpa y sangre pero que sin duda cimentó la actual (recordemos el final de Gangs of New York, película de Scorsese en cuyo final podía verse como de las tumbas de los muertos de la guerra civil americana «florecía» la América actual llena de rascacielos y aviones) como las consecuencias de una vida, hilada con una época, llena de equivocaciones, violencia y fatalismo. En medio de la mirada a un país, la mirada a un hombre que es una mascota que cambia de dueño y correa durante toda su vida y que se ve abocado a tener en sus manos la vida cuando va a perderla (ya al final del todo). De esta manera, El irlandés es una tragedia en la que el cine negro, incluso ciertas reminiscencias del western, se dan la mano para contar una ambiciosísima historia humana, que dilata el tiempo a fuego lento con el magnífico montaje, sobre lo qué hemos sido y somos. El irlandés es así, desde el primer minuto hasta el último de sus 210 cortos minutos, la mirada a una vida entera en el umbral de la muerte contada desde uno mismo, desde todo lo que se pretende ocultar o justificar y aquello que es un secreto a voces. La sombra que queda es la de una puerta entre abierta, imposible de cerrar por miedo. Mucho miedo. Y ahí la tragedia, que no es otra que aferrarse a la vida para ser consciente de que esta se ha ido de las manos. Brillante y monumental película sobre el dilatado y trágico paso del tiempo y de la pesadísima carga de la vida cuando esta está a un suspiro de desaparecer. Imprescindible obra maestra.

El irlandés se encuentra actualmente en cines seleccionados.

Se estrenará en Netflix el próximo 27 de noviembre de 2019.