#16SEFF LA GOMERA de Corneliu Porumboiu

Las diversas aportaciones que concuerdan desde sus variantes en el avituallamiento comunicativo, ya sea mediante la manutención del acoplamiento del lenguaje que se adapta o la gestación de un nuevo modelo de expresión plausible, generan un común denominador basado en la estricta elocuencia, el eje definitorio esencial de transmisión ya sea de un didactismo literalmente expresivo, o más bien sensorial, basado en la liberación de las más amortajadas emociones.

Entroncando la aceptación de dicha terminología con una práctica erigible desde el preámbulo de “La Gomera”, la nueva película de Corneliu Porumboiu, tiene un papel esencial este acoplamiento, la cual se vislumbra como resultado a una simbiosis lingüística, sucedánea de distintas familias, pero que habitúan al espectador a construir una concepción global basada en el lenguaje, independientemente de donde provenga.

Desde las notas iniciales, en las que se acompasan la amplitud general de la película como cuerpo/esqueleto estilístico del relato y la utilización de un propulsor reincidente en el hilo temático – el silbo o lenguaje de silbidos – como pieza constructora y conductora, “La Gomera” homenajea la diversidad de formas cuyo objetivo reside en la dilatación de las fórmulas de expresión, desde las puramente dialécticas a las cinematográficas, y lo hace de las dos maneras ejemplificadas en el principio del texto, mediante la adaptación del lenguaje fílmico – del thriller Hitchcockiano a una corriente más europeísta – y la gestación de un nuevo vehículo expresivo, el silbo gomero.

“La Gomera” viene a ser un thriller descaradamente desenfadado, lúcido, en el que Porumboiu dispone de libertad creativa para estructurar un tejemaneje resolutivo desde el disparate. Los personajes de esta creación convergen mediante el paradigma capitular, desafiando las fronteras narrativas para instaurar un lenguaje capacitado en desenmarañar una trama de enredos, corruptelas, persecuciones y enfrentamientos. Al igual que en “El Tesoro” aunque desde una perspectiva notoriamente distendida, Porumboiu utiliza el dinero como fuente analítica para pergeñar una visión acorde a la descomposición moral del ser humano frente al materialismo, pero aquí opta por ese lado amablemente referencial, poniendo en foco sus inquietudes revestidas de un divertimento agradable y efectivo.