UN DÍA DE LLUVIA EN NUEVA YORK: «Hipsters bajo la lluvia»

Tras dos años en el cajón por las polémicas relacionadas con las acusaciones de pedofilia de Woody Allen por parte de su hija, llega a España, de mano de A contracorriente, su última película: Un día de lluvia en Nueva York. Comedia romántica de enredos protagonizada por Elle Fanning, Timothée Chalamet, Jude Law y Rebecca Hall. Como breve sinopsis, la película narra la llegada de una pareja universitaria y enamorada a la ciudad de Nueva York para que Ashleigh (Elle Fanning) pueda entrevistar a su director favorito para una revista universitaria, lo que ocasionará un sinfín de situaciones imprevistas y estrafalarias que chafarán los románticos planes de Gatsby (Timothée Chalamet) con su novia en la gran ciudad. Ashleigh y Gatsby tienen formas distintas de entender el amor ya que mientras ella no es nada romántica, él vive añorando de forma nostálgica y melancólica un tiempo pasado repleto de bohemia y alejado de la tradición burguesa de su familia. En pocas palabras, él cree que la lluvia es romántica y ella que va a coger frío con la misma. 

Como puede verse en la sinopsis de esta sencilla película, Un día de lluvia en Nueva York no es nada emocionante de primeras ni después de verla ya que peca de demasiados errores, desde mi humilde punto de vista claro está, pero muchos de ellos son bastantes cargantes como es reencontrarse de nuevo con la coctelera de tics temáticos y obsesiones de Allen que llevan repitiéndose como una gramola desde hace veinte años (entre los cuáles encontramos algunas joyas como Match Point), aludiendo constantemente a referencias del cine clásico que tanto adora, las rupturas e infidelidades de pareja como contexto, chistes o reflexiones intelectuales introducidas en la escena con calzador y un sinfín de situaciones predecibles que hacen del visionado de Un día de lluvia en Nueva York un absoluto fracaso en el que uno tiene la sensación de que Woody Allen no para de repetirse. Y es que pese al tono irreal de la película y de todos sus esfuerzos por componer una optimista carta al futuro de esto dos insufribles jóvenes hipsters y culturetas que protagonizan la película (y qué ademas tanto parecen odiar la pedantería que desprenden), uno tiene la sensación de que Woody tardará otro par de años en hacer una buena película más allá de postales turísticas con el, presunto, encanto de la excesiva fotografía de Vittorio Storaro. Toda la «pasión» de Un día de lluvia en Nueva York está diseñada como una postal romántica con toques melancólicos y esperanzadores pero ahí queda la cosa, en un artificio que resulta cansino.