LARGO VIAJE HACÍA LA NOCHE: «Belleza y artificio»

La soledad de un hombre en su interna búsqueda por apaciguar las voces que reverberan el ilusorio viaje hacia lo desconocido. Síntesis directa, fulgurante, la única pista que nos ofrece Bi Gan para remitir un hechizo cósmico y confluyente sobre la radicación gravitatoria del ser más allá del orden temporal. En “Largo viaje hacia la noche” el cineasta chino presenta, en conjunción algo esquiva, una maniobra evolutiva, en función del integrismo justificado de ciertas fórmulas ya utilizadas.

El desarrollo discursivo sobre el formulismo de Bi Gan ofrece una mayor contundencia contradictoria que unanimidad aplastante respecto a dicha consecución. Los paradigmas sensitivos que deja su última película no cesan en el disfrute de la misma, pero también queda lastrada por la intencionalidad de un artificio y pomposidad visual ante cierta nimiedad argumental. Pese a todo, “Largo viaje hacia la noche” vendría a ser una especie de revitalización inusitada de desviación sensorial.

‘Largo viaje hacía la noche’ de Bi Gan.

Respecto a “Kaili Blues”, la diferenciación de conceptos frente a esta película son mínimos, pues la ligadura estructural deambulaba por una corriente abocada al misticismo, donde la consecución formal del plano secuencia resultaba tan sorprendente en su esteticismo como incierto y desconcertante respecto a la defensa de su aplicación. “Largo viaje hacia la noche” o la imponente huida del presente a submundos oníricos, es la imagen del ser en conflicto con su recuerdo y del irascible deseo de cura ante la damnificación del amor suspendido en el tiempo. Bi Gan utiliza la idea de la purificación espiritual a través del agua y el fuego – elementos intrínsecamente Tarkovskianos –, la implícita amnesia del protagonista sobre la argumental línea pretérita…y la confección acreditada de un plano secuencia emocional y verdaderamente mágico, incluso desde la concepción del trucaje estético para constituir un vestido imponente y de instantáneo impacto.

Para los fervientes difusores de su obra como si se tratase de un ejemplar vínculo sutileza y perfección formal exquisita, como para los defensores de un discurso sobre una brevísima filmografía no exenta de pulcritud y de belleza pero descaradamente engullida por el artificio prescindible de determinados recursos estéticos, es innegable la idea de que “Largo viaje hacia la noche” viene a colocar a Bi Gan en el punto de mira del cine mundial, guste o no. Forma parte de la magia.