GRACIAS A DIOS de François Ozon: Correcto esquematismo.

La funcionalidad ecléctica en el cine de François Ozon se basa en extrapolar la sinonimia de múltiples temas conductores a través de la variación de estilos, desestimando la seguridad de pertenencia a un patrón concreto en base a la desorientación y la controversia del origen vertebral de cada trabajo. Los registros varían, los argumentos desentonan, el desarrollo artístico de su obra denota cierta irregularidad, pero la transcripción temática de su carrera focaliza varias correlaciones en cuanto al grado coyuntural de las relaciones afectivas, del fetichismo y la diversidad sexual, de los extendidos parámetros que conforman la unidad o desunión  familiar etc.

Su última película, “Gracias a Dios” es otro ejemplo más del externalizado concepto de deconstrucción estilística sobre el resto de trabajos predecesores, pues en este caso, se trata de su trabajo más lineal, ausente de todo símbolo autoral, el más esquemático y usual en cuanto a fondo y forma, sin provocar ningún estado más allá que el de la simple corrección.

Escena de ‘Gracias a Dios’

Frente al terreno inusitado en el que Ozon no hace sino erigir más la concepción de la prolífica cuenta de la impersonalidad, aquí reproduce convencionalmente la estela del guión al pie de la letra, sin detallar las complejidades constreñidas bajo la manta del cruel órdago presencial de la película. Se basa en los escabrosos testimonios de las víctimas de Bernard Preynat, un sacerdote condenado por abusar de niños durante su estancia en la diócesis, en los que Ozon recurre al estructural formato del thriller de investigación para narrar con cuestionable detalle las variables casuísticas de cada personaje.

A lo largo del proceso de “Gracias a Dios”, el componente emocional de los distintos protagonistas se esquematiza a través de ciertos flashbacks explicativos sobre el origen del infierno vital al que se ven sometidos. François Ozon elabora su planteamiento ante la elección del prescindible uso de la alteración temporal antes que el internamiento en la psique de la víctima y el verdugo. Así es una película que gira en torno a una sonada condescendencia respecto al uso alternativo de recursos para formular un argumento desgraciadamente a la orden del día. Así se ve ejemplificada una filmografía basada en la falta de visibilidad personal, aunque haya que rascar en demasía para visibilizar los verdaderos conflictos que despiertan la inquietud de su director.