Alice Rohrwacher: La edad de la inocencia

Un momento temporal concreto, denominado por la interrupción ante la frágil obertura, se erige como un sugestivo preludio respecto al proceso iniciático de la narración. El desdoblamiento de la propia condición artística, al igual que una fuerza inocente y misericordiosa sobre la concepción iluminada de la existencia, parece reestructurar las propias cadenas de sujeción avitualladas en los francos paradigmas cinematográficos. La reinvención de un añorado estilo que diferenció a los maestros como máximos exponentes de la experimentación – conocidos por su capacidad de instauración y evolución de las líneas sistemáticas que definen al séptimo arte – pasa también por la figura actual de una directora que soslaya toda vertiente cercana al conformismo de la creación pretérita, del acomodado punto de absentismo, y que crea un aura especial con cada uno de sus trabajos in crescendo. La mirada más pulcra y sublimada de la inocencia, de su complejidad y fuerza evasiva, de su lado armónico y catalizador de la fantasía, a día de hoy, se encuentra en el cine de Alice Rohrwacher.

Una vida fabulada

El proceso catalizador de una realidad dual ostentada por la praxis imaginativa o iniciación de la línea fabulada se descubre en los primeros planos secuenciales de la obra de Alice Rohrwacher, donde la oscuridad desvela con cierto detalle la momentánea suscripción del relativo paisaje. La denotación de un primer foco a través de la opacidad visual no es sino una paradoja del carácter que instaura la determinación del contexto al que sus películas sumergen al espectador, así como una subjetividad desprovista de un primer plano. Los detalles son esenciales para hilvanar la ecuación material que conviven al unísono en cuanto a la repetición temática en “Corpo Celeste”, “Le Meraviglie” y “Lazzaro Felice, pues la desinhibición de la mera existencia física se desliga por medio de un ritual que abraza la magia y la imaginación.

Mediante una percepción inusitada sobre la religiosidad, el personaje de Marta en “Corpo Celeste”, parece inmiscuirse en un mundo paralelo que abraza a la unión, ya que el manto infantil envuelve la visión del espectador con un manto narrativo que entronca magistralmente con la adecuada consonancia inicial de la paradoja respecto al primer foco. El viaje de Marta en pleno estado de rebeldía, le lleva a toparse – en sentido más incorrectamente pesimista – con una imagen de Cristo caído con su cruz. A modo de una reinvención de la piedad, acariciando y de rodillas a los pies de la escultura, Marta (re)descubre la ininteligible oportunidad de convergen en el idealismo de sus propios pensamientos. Pese a la palpable tristeza, la fábula sobre el camino de exploración infantil a través de espacios paralelos y físicamente ausentes, se encuentra en esta acérrima declaración de intenciones.

En “Le Meraviglie”, la cohesión entre la realidad y la vida fabulada de Alice Rohrwacher se presenta por la similitud de la naturaleza de los personajes y la línea narrativa que describe el laborioso negocio familiar de Gelsomina y sus hermanas, dedicadas a la producción de miel en una región de Italia. La abeja obrera se encuentra limitada a tomar el control en su encargo por mantener el orden de los panales, pero a su vez encasillada y tristemente restringida en su propósito, así como la dedicación de Gelsomina sobre la instructiva orden por guiar a sus hermanas y su lucha por salir de tan anquilosada situación. La abeja en la celda del panal así como la joven Gelsomina en su particular celda agraria, un mundo oscuro, paralizado e inamovible. Otra vez, la mirada infantil y su genuina condición rebelde para escapar a mundos desprovistos de sufrimiento y frustración. La aparición de un programa televisivo que se graba en la región – mundo mágico situado dentro del propio contexto, como una interpelación de coexistencia absoluta – y de un tercer personaje interfiere directamente en la necesidad evasiva de un mundo crepuscular. Las hermanas navegan hasta una remota isla de Umbría para allí contemplar la divinidad de la presentadora de dicho programa, casi ilusorio, representación de la esperanza y la luz que ilumina como una llama la ilusión de evadirse y soñar profundamente despierto.

‘Le Meraviglie’

Una vez más, la confluencia que rige el carácter simbiótico y que marca la finalidad arrolladora de Alice Rohrwacher, se acrecienta en una última película donde alcanza la plenitud cinematográfica. “Lazzaro Felice” es la impregnación heterogénea del acuñado término del realismo mágico, pero llevado a la revisitación en cuanto a la consciente tarea de la diferencia de intenciones. Aquí, la importancia de la fábula se descompone en base a la partición de temas, espacios y tiempos que aúnan un sentido descomunal de libertad. El lobo como símbolo de fidelidad, de nobleza, se desvela como alma solitaria de un protagonista anclado en el punto más ínfimo de la escala social. La importancia a la hora de determinar el contexto dictamina más aún las leyes de la fabulación por parte de la cineasta, puesto que en su descripción general absorbe el paralelismo de las dos realidades, la real y la fabulada, para construir sobre un mismo cosmos, la visibilidad poliédrica de ambas perspectivas. Ya no es solo la mirada infantil la que elude la crudeza mundana, es la visión subjetiva del espectador la que se inmiscuye en esa misma mirada, sin darse cuenta. Alice Rohrwacher consigue establecer una subjetividad directa, haciendo protagonistas al espectador desde el primer minuto, artífices únicos de la mirada inocente.

El tesoro de la bondad

La iniciación del temperamento constreñido bajo la repetida normativa temperamental en los personajes de las tres películas, es uno de los principales trazos que confluyen en la diversificación fílmica de la obra de Alice Rohrwacher. El tesoro de la bondad aparece en representación de una figura – la imagen de Lazzaro como encarnación de la propia bondad – o través de los múltiples estados y convergencias idiosincrásicas de los demás personajes en el resto de obras. La visibilidad de dicho estado natural pasa siempre como vía de sustentación ante la muestra inexacta y vacía de la realidad al servicio del vacío. En cada una de las películas, los personajes escapan a través del deseo quimérico y de la importancia del sueño como contrapunto ideológico, pero son capaces de soportar la vuelta al paradigma real gracias al poder cualitativo de la bondad.

‘Lazzaro felice’
‘Lazzaro felice’

La inocencia en los mundos de Alice Rohrwacher denota una preponderancia absoluta por la desestimación o soslayo de la maldad, ya que la propia edad es capaz de actuar de forma purgante contra una inmoralidad casi siempre exhibida como un modelo de autoritarismo y de dominación sobre los débiles. Atribución innata a la psique del compendio genérico, la profundidad añadida a cada contorno descrito por la bondad aparece para subvertir las mismas formas instauradas inicialmente, al igual que la entereza de la condición generosa, en confrontación con la mundanidad apagada, siempre vence y se superpone a la visión iniciática.

A través de la gesticulación y de la propulsión efímera del detalle, la bondad emerge como una necesidad de comunicación frente a la obstaculización del  contexto social. Marta y la tarta por el cumpleaños de su hermana; Gelsomina y la constante enseñanza al joven avenido a la región donde se encuentran; la incipiente ayuda de Lazzaro a los trabajadores en la plantación de tabaco, en función del sigiloso tono de llamada que entona su nombre desde el susurro…son infinitos los gestos de bondad en el cine de Alice Rohrwacher, y ninguno de ellos por órdago gratuito. Cada detalle describe una situación. Una situación describe un concepto. Un concepto describe un estilo. Un estilo describe una naturaleza. Una naturaleza describe una idea del mundo. Esa idea, regida por detalles, situaciones, conceptos, estilos y naturalezas, conforma el tesoro de la bondad en la vida, en una vida fabulada. 

La politización de lo incorrecto

Además de entregarse y reflotar en el intento de abordar una conjunción de procesos alternativos desde la discordancia entre lo pragmático y lo quimérico, entre la ostentación terrenal y la desviación enajenada de la concepción existencial, hasta el lampedusiano proceso de vuelta a la catarsis actual del mundo tal y como lo conocemos, Alice Rohrwacher nunca prescinde de la adoptada fuerza que equilibra cada una de sus películas a través del motor político. La conversión del estado temático en un objeto de denuncia por la incorrección – en función de la amplitud o determinación de la perspectiva sobre la que planea la narración concreta – es precisamente una involuntariedad al respecto de cada punto inclusivo de las partes que componen un argumento, ya que la variabilidad con la que la cineasta incide en la politización no es ninguna acotación al uso. Resulta sorprendentemente alegórico que en el mundo lúcido y cadente de Alice Rohrwacher, definido por la inocencia y la fantasía, exista una indescriptible fuerza política en el total de sus obras, siempre en contra de un organigrama construido por el control sobre las masas, la impunidad de los señores que establecen una ley sistemática contra la indefensión de los demás, la imposición social y la imposibilidad por subvertir el orden moral.

Desde “Corpo Celeste”, la avenida de cierto carácter acusativo se traducía desde la más entonada evidencia. La corrección por el subrayado manifiesto de ciertos temas vienen a corregirse valiente y brillantemente en “Le Meraviglie”, donde la interpretación del modus operandi familiar, gobernado por un padre que abraza al pesimismo vital, se mimetiza con la fundición del poder fabuloso y ritual de la óptica infantil a la que tanto apela un servidor. No es, por tanto, que la vía narrativa de “Corpo Celeste” implique cierta imposición o relleno político en la trama evasiva de la pequeña Marta, simplemente se aprecian ciertos detalles deslavazados sobre la adhesión temática que no terminan de coexistir tan perfectamente fusionados como ocurre en su película posterior, y cómo no, en la fascinante “Lazzaro Felice”.

‘Corpo Celeste’

Y qué mejor ejemplo para concluir esta modesta observación fílmica que “Lazzaro Felice”, película cumbre de Alice Rohrwacher, donde la confluencia de la fábula, la exposición de la bondad, y la intermediación política, es de tal perfección y emoción que implora una extrema y compleja necesidad de análisis. La respuesta a una concisa pero intensa obra, llena de matices y de múltiples capas, se resume en la focalización de un personaje que nos retrotrae indirectamente al comienzo, a la protagonista de “Corpo Celeste”. Al igual que en el testamento bíblico, Lazzaro es la hermana de Marta, una niña cuya indiscreción ante la falta de comprensión hace que navegue a través del espacio y del propio tiempo. En la obra de Alice Rohrwacher, la consanguinidad no es tal sino una interpelación a la condición del propio viaje, donde Lazzaro transcurre por medio de la preponderancia del medio utópico del relato, sin la puntillosa coherencia de ver sometidos sus pasos a una especie de racionalidad intrínseca en la narrativa.

La personificación de la bondad se ve alterada por la rotura temporal en la que la vida fabulada actúa en consonancia con la ley natural del estilo evasivo de la directora. Y tras la piel de un lobo destinado a vagar por el tiempo, llegamos al melancólico final de una objetividad abogada al desconsuelo. Como suscribía la verdad de aquel padre cascarrabias de “Le Meraviglie”, donde el mundo crepuscular condenaba las almas de aquellos que lo habitaban, el alma de Lazzaro presencia una verdad alejada del sentimiento que transfieren sus actos. La politización de lo incorrecto en “Lazzaro Felice” termina una secuencia profundamente amarga, la del vencimiento del poder autoritario, sin nombres y apellidos, que revocan la naturaleza del buen samaritano y lo sentencian a seguir vagando por el tiempo, aún transformado en la figura de ese animal tan precioso y noble. Nos queda el optimismo que nos imprime Alice Rohrwacher, pues dicha idiosincrasia no está extinta. Y volviendo a la realidad, todavía nos quedan por ver grandes películas de esta valiente y genial directora. Quién sabe, quizá en otro tiempo y en otro lugar.

‘Lazzaro felice’