La Hiperrealidad en el cine posmoderno

La función más importante del signo es, según el prestigioso filósofo Jean Baudrillard (1996:17), “hacer desaparecer la realidad, y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición”. Esto podría explicarse de forma sencilla en la compra de un producto en un supermercado: En dicho establecimiento, según está lógica, se vuelve más importante el valor del signo que la función real del contenido; es decir, sentir que un producto sea mejor que otro por una determinada marca dicta mucho de lo que sería real de hiperreal. Si a la forma de experimentar la vida en la posmodernidad le sumamos este engrandecimiento del valor del signo, podremos entender mejor lo qué se denomina, según el propio Baudrillard, hiperrealidad. La sociedad posmoderna se haya, en medio de una cultura tecnológica, deseos de evasión y de medios de comunicación de masas, que influyen en la modificación de la vida, así como la forma de experimentarla de las personas, en un terreno lo suficientemente apto para una forma de vida hiperreal. Braudillard la define como “la simulación de que algo que nunca existió”, mientras que el escritor Umberto Eco la define como “la falsedad auténtica”. (VON WERDER, 2013)

La realidad es sustituida por el simulacro haciéndose de esta forma, la hiperrealidad, real.¿Pero qué es simulacro? Baudrillard lo explica con un ejemplo bastante clarificador: Una enfermedad disimulada y otra simulada. El médico podría determinar quién disimula la enfermedad pero no quién quien la simula (ya que esta última persona desarrolla los mismos síntomas propios de dicha enfermedad) Disimular es así un principio de la realidad pero es imposible distinguir cuando hay un simulacro (los síntomas de la persona que simula la enfermedad). De este modo, existiendo simulacro, se hace imposible distinguir entre verdad o mentira, entre real o falso. La verdad y lo real dejan de existir dejando espacio únicamente a los simulacros, copias no originales, reflejos… en definitiva, hiperrealidad. Por ejemplo, en la película Matrix (hermanas Wachowski, 1999), la realidad en la que cree vivir el personaje de Thomas Anderson (Keanu Reeves) no es más que un simulacro de la realidad ya que, la realidad, la auténtica, es que habita en un programa de software llamado Matrix bajo una dictadura de las máquinas sobre el ser humano. Lo que Anderson considera libertad se convierte así en esclavitud enmascarada de real. El simulacro en Matrix es su vida, una mentira, una copia de la verdad. Esta confusión entre lo real y lo no real es una característica propia del ser humano posmoderno. (VON WERDER, 2013)

El cine posmoderno nos ha entregado más películas sobre individuos qué no distinguen la realidad de lo qué no lo es en nuestros confusos tiempos posmodernos como son Network (Sidney Lumet, 1976), Puro vicio (Paul Thomas Anderson, 2014), El show de Truman (Peter Weir, 1999), El club de la lucha (David Fincher, 1999) o la ya mencionada Matrix. En todas ellas, encontramos figuras divinas y un objeto de consumo que genera crisis de identidad y confusión a partes iguales en los personajes. Por ejemplificar y clarificar (Estas películas son más o menos conocidas por lo que creo que podrá seguirse bien su contenido)

Objeto de consumo y adicción

Dios

Problema derivado

El club de la lucha

(1999)

-Grupos de autoayuda -Compra indiscriminada de muebles.

-Tyler Durdeen (El alter ego inventado por el protagonista de lo que él supone la perfección; tan perfecto como irreal)

-Crisis de identidad (A medida que el personaje indaga en su crisis, la realidad, así como su persona, empieza a parecer irreal y confusa)

Puro vicio (2014)

-Drogas

-Grupo mafioso: El colmillo dorado (Formado por distintas instituciones como dentistas, policías, médicos…)

-Doc no logra superar la ruptura con su ex novia. Usa las drogas para experimentar algo parecido a lo que tenía con ella.

Network (1976)

-Televisión

-Arthur Jensen (el director de la cadena de televisión, el dios en la sombra)

-Howard Beele se vuelve loco y se trastorna por su condición de “profeta”. Finalmente es asesinado

 

 

El show de Truman

(1998)

-El propio simulacro (La “realidad” de Truman es un plató de televisión)

-Christof (Creador del programa de televisión que encierra a Truman como un hámster en una jaula)

-Crisis de identidad (A medida que el personaje indagada en su crisis, la realidad empieza a parecer irreal)

Matrix (1999)

-El propio simulacro (La “realidad” de Thomas Anderson es un programa informático)

-Las máquinas

-El protagonista deberá decidir entre la realidad y la hiperrealidad de forma literal, pudiendo tomar una pastilla que lo llevará a donde él decida.

Truman, esclavo del simulacro sin saberlo.
(El club de la lucha: Tyler ha creado un peligroso alter ego, debido a su adicción al consumo de muebles Ikea, derivado de su incapacidad para lidiar con la vida posmoderna. Es esclavo del consumismo y ello se traduce en la esclavitud de su propia creación imaginaria, de una copia de él mismo)

A estas alturas, para resumir, podremos comprender que, en la posmodernidad, la irrealidad es percibida como real debido a un compendio de manipulaciones y entretenimientos varios generados por parte de diferentes esferas de poder con el fin de obtener ganancias, control y más poder; En otras palabras, lo social (así como lo religioso, político o cultural) no se muere sino que se transforma. Aparecen, como hemos visto en la anterior tabla) nuevos ídolos, dioses y ficciones en nombre de lo hiperreal. Todo esto nos lleva a hacernos algunas preguntas: ¿En qué se han convertido los relatos, las ficciones, el audiovisual o el cine? ¿Qué ganan las diferentes esferas de producción audiovisual rociándonos de entretenimiento y comodidad? Se halla petróleo o, lo que es lo mismo, audiencia o taquilla. La llamada “fabrica de los sueños” (referido al cine) sirve ahora a una sociedad hambrienta de fantasía, de evasión, de imágenes, de simulacros. La imagen cinematográfica o televisiva es así uno de los mayores simulacros que nos hacen adictos a la ficción, al reflejo, a la copia. Baudrillard explicaba así el poder hiperreal de la imagen:

 

Detrás de la orgía de imágenes, algo se esconde. El mundo, al escamotearse detrás de la profusión de imágenes, es otra forma de la ilusión, quizá una forma irónica que despunta. (…)Las imágenes ya no son el espejo de la realidad sino que más bien están en su centro y la han transformado. Entonces la imagen no tiene otro destino que la propia imagen, y por tanto la imagen ya no puede imaginar lo real porque se ha vuelto ella misma real.” (BAUDRILLARD, 1998:21)