LA FAVORITA de Yorgos Lanthimos: Humanos como mascotas

Tras un éxito rotundo en el festival de Venecia (premio a la mejor actriz para Olivia Colman y gran premio del jurado), la película británica La favorita, última obra de Yorgos Lanthimos (‘Canino’, ‘Langosta’, ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’), ha sido nominada a cinco globos de oro estando presente en las candidaturas a la mejor película, actriz o guion. La Fox, en un considerable esfuerzo por esconder la película evitándose así su filtración o pases de prensa (habiéndose visto de forma exclusiva en Venecia, Londres, Gijón, Francia y estrenándose únicamente en Estados unidos) realizó un pase exclusivo en la Academia de cine español el pasado miércoles 19 de diciembre en el que solo ciento sesenta y cuatro personas (académicos, invitados y algo de público) pudieron ver la esperada última película de Lanthimos. El orden cultural no se perdió la cita y consiguió acceder al visionado de la última película del director griego.

Pase exclusivo de La favorita en la Academia de cine español en Madrid organizado por Fox.

El cine de Yorgos Lanthimos se caracteriza por ser un espectáculo del entretenimiento y lo perverso, algunas veces llegando a contener la “pornografía del horror”, que diría Gerard Imbert, propio de cierto cine posmoderno que se regodea en las miserias humanas a través de un lenguaje estético sobrecargado y del entretenimiento por encima de cualquier reflexión que el director parezca realizar. Miserias narradas a través de un afilado sentido del humor satírico, historias extrañas, saturación de ingredientes crueles dentro de una misma película (daños autoinfligidos, animalización de los personajes, denigraciones y sumisiones varias, desprecio por la bondad o lo puro y tesis perversas), la erotización de la violencia y el uso del suspense con el que Yorgos Lanthimos ha ido creando una obra cada vez más Kubrickiana (especialmente en el aspecto visual y en el uso de música clásica que tanto le gusta a su director), distópica, extraña, cruel y, sin lugar a dudas, cómica. Por ello, Yorgos Lanthimos, caracterizado por realizar películas creativas y crueles, pero algo huecas, crea en La favorita, primera película de su filmografía en la que el director no participa en el guion, de nuevo más de lo mismo: un compendio de todos los ingredientes ya vistos en sus películas anteriores pero de una forma más refinada y estilizada. En efecto, el cine de la crueldad está saliendo de Cannes y de los circuitos de cine del autor para adentrarse en el cine comercial, en los Globos de oro, en la Fox y con Emma Stone y Rachel Weisz de protagonistas.

Anne (Colman) y Sarah (Weisz)
Sarah y Anne.
Abigail (Emma Stone)

La reina de Inglaterra Anne (Olivia Colman), basada en la reina Ana Estuardo, perdió 17 hijos a lo largo de su vida; esta dura experiencia la convirtió en un ser traumatizado, inestable, débil y en extremo sensible. Por ello, Inglaterra, en plena guerra con Francia en el siglo XVIII, es dirigida por la maquiavélica Sarah Churchill (Rachel Weisz) mientras la reina sufre sus continuas depresiones y dolores musculares. Un día aparece Abigail Masham (Emma Stone), una joven muchacha vendida por su padre hace años habiendo pasado así por experiencias horripilantes en las que ha sido maltratada, vejada y violada durante mucho tiempo, pese a la buena educación e inteligencia que esta posee. Abigail es prima de Sarah y le pide trabajo en el palacio y está se lo concede como criada. Al estar Sarah ocupada con asuntos de estado, Abigail empieza a pasar más tiempo con la reina tratando de ganarse sus favores y de seducirla con el fin de salir del lamentable estado en el que se encuentra. De esta forma, Lanthimos propone una cruel y confusa historia de traiciones y sumisiones basada en la lucha de clases y en la ambición. 

La favorita es una de esas películas en la que los personajes y su construcción tienen una importancia suprema. En la reina Anne (portentosa Olivia Colman) encontramos a un ser sensible que parece no saber que su país está en guerra ya que sus únicas preocupaciones son su acomplejado aspecto físico, una gula emocional que la lleva a comer y vomitar al mismo tiempo, tendencias suicidas, ataques de pánico y de paranoia, desorientación y una profunda melancolía que solo dos cosas parecen calmar: Sarah, y el placer sexual que está le proporciona, y sus diecisiete conejos (uno por cada hijo fallecido) que se hayan siempre presentes en los aposentos de la traumatizada reina como símbolo de los tenebrosos fantasmas que siempre la acompañan. Por otro lado, Sarah es una mujer que, en cierto modo, ama a la reina Anne pero también radica (como sucede de forma habitual en los personajes Lanthimos) cierto interés de aprovechamiento de algo tan “puro” o “bueno” como es el amor. Sarah gobierna el país y consigue mantenerlo en guerra pese a que su marido se encuentra en el frente. Todo ello por una ferrea convicción que tiene Sarah de qué es lo correcto. De este modo, encontramos en Sarah a un personaje frío, calculador y, probablemente, infalible.

Por otro lado tenemos a Abigail, cuya llegada al palacio cubierta de estiércol y rodeada de moscas es el detonante de esta historia, quien disfrazada de pura y bondadosa ingenuidad, seduce a la reina y se encarga de satisfacerla sexual y románticamente con el fin de escalar socialmente y poder dejar así de ser maltratada, violada y humillada como lo lleva siendo toda su vida. Hecho que se resume en una secuencia en la que Abigail, en plena noche de bodas con un miembro de la corte, masturba a su recién estrenado marido, por conveniencia por supuesto, mientras reflexiona en voz alta: “Mi vida es como un laberinto del que continuamente creo salir para encontrar otra esquina justo enfrente de mí”. Es decir, Lanthimos nos habla de que la condición de la sumisión, que une a las tres mujeres, ya sean reinas o criadas, es una condición natural de la que nadie puede escapar aunque así lo pretenda o así lo crea. Pero ello toma, por primera vez en Lanthimos, un sentido más absoluto al final de la película.

Abigail (Emma Stone), la coneja de la reina Anne.
Lanthimos expone en La favorita un universo marcado por el maltrato animal y humano (y la fina línea que los separa), las relaciones de poder, los conflictos de clases y los espejismos emocionales del corazón humano. Los protagonistas juegan en algunas secuencias, con el único fin de divertirse, a hacer carreras de gansos y langostas (para después comérselas) o a disparar perdices. Lanthimos, como ya hacía en sus anteriores películas, utiliza el maltrato animal como espejo, o espejismo, del maltrato humano o de los condiciones y relaciones de clase. Es decir, los poderosos, representados por la reina, juegan a maltratar a los animales del mismo modo que lo hacen con los que consideran iguales a estos, a las clases desfavorecidas, representadas por Abigail. Así mismo, la crueldad radica también en el hecho de que el estado emocional de este trío amoroso es fundamental para que se frene una guerra en la que mueren cientos de soldados cada día o para bajar los impuestos. Así estaba, y está (qué poco hemos cambiado), la granja humana en la que vivimos, que es lo que es la sociedad para Lanthimos. La presencia de los conejos (recordemos que son diecisiete, uno por cada hijo perdido) resulta fundamental para comprender la tesis, absolutamente “Lanthimiana”, de La favorita. Los conejos, que rodean a la reina en casi en todas las escenas en las que ella está presente, son un símbolo de sus traumas, de su dolor y sufrimiento y Abigail es otro conejo propiedad de la reina pero no como ella espera. Sarah criticó a los conejos como seres sentimentales y macabros mientras que Abigail los utilizó para acercarse a la reina a través de la manipulación emocional y sexual. Es decir, Abigail no es un adorable conejo sino una mascota. El deseo desesperado de la reina por ser amada la llevó a guiarse por el amor de su coneja, Abigail, y a deshacerse de la mujer que amaba realmente, la única que de verdad se preocupaba por ella, Sarah. Al final lo único que quedan son conejos.
Abigail (Emma Stone)
Pese al tono cómico de La favorita, como es habitual en el cine de Yorgos Lanthimos, la perversidad como fuente de miedo y sumisión siguen presentes en la obra del director griego. Sin firmar el guion, tomando el referente de Kubrick más que nunca, especialmente el de Barry Lyndon (película a la que homenajea directamente en una escena concreta de la película) y ¿Teléfono rojo?, Volamos a Moscú, cámara ojo de pez (con el que la cámara parece espiar a los personajes), anacronismos varios, el uso de “fucks” constantes, animales que representan el enfermizo y esclavo poder humano…La favorita explora todos los temas e ideas presente en todo el imaginario ya creado anteriormente por su director. De nuevo, cine de la crueldad. Sí. Pero sin que no se note mucho. Más refinado, más estilizado y menos corrosivo. Eso sí, el mismo deseo de impactar de siempre. En el caso de La favorita, esa idea de que no hemos cambiado absolutamente nada desde ayer hasta hoy.De eso trata La favorita (nada nuevo bajo el sol de Lanthimos), de relaciones de poder en el ámbito de las instituciones y del deseo sexual o romántico. De un perverso disfraz humano de bondad que esconde, tras la mascarada, una crueldad y egoísmo innatos. Lanthimos nos dice, de nuevo, que el precio por nuestro bienestar en sociedad no es otro que meter la cabeza entre las piernas de los poderosos y, a través del engaño y la complacencia, obtener la máscara de la pureza. De que no somos otra cosa que conejos enjaulados en medio de un mundo confuso lleno de espejismos emocionanales en los que, en nombre del amor, se realizan guerras injustas y perversas. Al final, a diferencia que en las demás películas de Lanthimos, La favorita se antoja más triste que corrosiva pero igual de misántropa y desesperanzada que siempre. Lo mejor de la propuesta es, como siempre, su sentido del humor.

La favorita se estrenará el próximo 18 de enero de 2019 en España.