Crítica de ‘El amor menos pensado’

El cine romántico es uno de los géneros más desprestigiados, vejados y maltratados por la industria Hollywoodense y ‘El amor menos pensado’, película inaugural de la 66 edición del festival de San Sebastián donde pudimos verla, es una evidente prueba de ello (de la merecida fama que cargan). En plena crisis del nido vacío, un matrimonio burgués y snob decide separarse sin razón evidente con el fin de conocer a otras personas con las que establecer vínculos afectivos (la idea milenial de que los treinta, los cuarenta, los cincuenta…siempre son “los nuevos veinte”). Este proceso les lleva a buscar una iluminación “espiritual” a través de las parejas, el sexo, el gimnasio o las clases de bachata (ingredientes que, ya sean personas o cosas, son del todo inaccesibles sino se es atractivo fisicamente o se tiene dinero). En otras palabras, narra la historia de un matrimonio aburrido e insatisfecho de forma crónica que se topan con el tedio hagan lo que hagan y digan lo que digan.

La impostura, y cierto aire machirulo que revolotea por la película (escenas como en la que el personaje de Ana, interpretado por Mercedes Moran, sale a la calle a lucirse mientras todos los hombres se la comen con la mirada como si ello le diera un enorme placer o la edad de las novias de su ex marido, interpretado por Ricardo Darin, en comparación a las parejas de ella) y los personajes debería ser una demanda social más que una exaltación. ‘El amor menos pensado’ es de esas películas de filosofía barata que te recomienda apuntarte a un gym, a clases de bachata y hartarte de sexo para ser feliz. Todos los ingredientes que la cultura desea para nosotros y la que “nos hacen” desear. Una película reflejo de esa gente obsesionada con la mentalidad de anuncio de gimnasio o perfume; o con la impostura social que invita a la iluminación espiritual a través del irracionalismo, la eterna jovialidad o disfrutar del tedio aprobado socialmente. Tremendamente manipuladora, impostada y, pese a presumir de lo contrario, muy rancia. El resultado es una comedia romántica clásica con dos personajes insoportables y sin ninguna gracia. Una película para previsibles y predichos.