‘Non-fiction’ de Olivier Assayas

Olivier Assayas parece haberse instalado en el ensayo y debate sociológico latente en nuestra contemporaneidad acerca de las pantallas y la deshumanización que conllevan. Nada lejos de este terreno y tras la irregular ‘Personal shopper’, Asayyas estrena ‘Non-fiction’, película que se estrenó en la pasada edición del festival de Venecia y que hemos podido ver en la 15 edición del festival de cine europeo de Sevilla. Al ritmo de una historia coral en la que las relaciones personales y triángulos amorosos giran alrededor del mundo de la comunicación, ‘Non-fiction’ es un confuso, desconcertante y (¿por qué no decirlo?) divertido ensayo sobre la deshumanización latente tras las pantallas. La elección de Assayas para discurrir por la historia es la de una trama puramente verborreica sobre un grupo de amigos burgueses que se dedican al mundo de la comunicación en un mercado ligado a la posverdad, la inmediatez y a la imagen personal. Por ello, la hipocresía de los criaturas de Assayas se ve, o pretende verse, reflejadada en la de una sociedad que cambia más rápido que nunca. Un mundo en el que lo digital quiere suplantar a lo real, una frialdad deshumanizada que pretende aniquilar todo un mundo de emociones humanas en pro de la satisfacción individual.

La película de Assayas, más esforzada en lanzar preguntas al aire con tintes teóricos, sociológicos y pedagógicos que en apuntar con precisión a un objetivo, se centra en los debates que tienen un grupo de amigotes burgueses alrededor del mundo editorial y su repercusión económica, global y personal. Más divertida cuando ataca a los discursos, o relatos, para con la identidad del propio individuo, o personaje, ‘Non-fiction’ acaba por desentrañar, inconclusamente, la fórmula de los relatos que construyen nuestra identidad contemporánea. La película dispara con tantos temas como en un ensayo de Baudrillard, Lipovetsky o Bauman y parece hacerlo sin apuntar a nada más que a los nubes aunque, de vez en cuando y parece que por casualidad, Assayas acierte o diga alguna verdad que otra. Los miedos, deseos y traiciones que se ven reflejados en una hipocresía cuyo único valor es verse respaldado por el mercado o por los likes de Facebook. Una hipocresía personal que hemos convertido en todo un orden social, una “doble vida” (el título original de la película), una terrorífica construcción social en la que preferimos airear nuestros trapos sucios a los cuatro vientos, repleto de desconocidos, antes que a un grupo cercano (de conocidos claro). Pese a ello, un aire de cinismo y de intelectualidad secuestrada rodea y asfixia a la cinta, como si los personajes fueran sicarios de la tesis que Assayas pretende corroborar con sus dudas, reflexiones y “burguesadas” varias. Al final no hay una respuesta, solo un humano más encargado a la cigüeña de Amazon.