‘La casa de Jack’ de Lars Von Trier

Lars Von Trier narra en la polémica ‘La casa de Jack’ la carrera criminal de un asesino en serie, Jack (Matt Dillon) dividida en cinco actos, elegidos al azar, en los que Jack discute con su ángel de la guardia (Bruno Ganz) acerca de la moral, la representación artística, la psicopatía, la violencia, el amor y la crueldad como si fueran todos lo mismo. Eso en cuanto a la representación más superficial de la trama, más ‘La casa de Jack’ es una representación del propio Lars Von Trier, su imaginario y persona (álter ego encarnado por Jack) Por otro lado, ‘La casa de Jack’ adquiere el carácter de ensayo (parecido a una extraña secuela de ‘Nymphomaniac’) en la que el director reflexiona sobre los crímenes que ha realizado a lo largo de su carrera. Efectivamente, Trier es un artista cuyas películas son crímenes.

Jack compara sus perversos crímenes con la grandeza artística del cubismo de Picasso, las catedrales góticas, una interpretación de Bach a cargo de Glen Gould, ‘La barca de Dante’ de Delacroix o ‘La divina comedia’ de Dante y los compara con la naturaleza perversa del ser humano a través de discursos ensayísticos que van de lo didáctico a lo esperpéntico. A su vez, Jack reflexiona sobre los materiales que usa para matar, en el caso de Von Trier sus actores y guiones y en el de Jack objetos varios como un gato para el coche, sus manos o balas para rifles, el valor de los iconos (en el que se encara de nuevo con las desafortunadas palabras que formuló en Cannes sobre Hitler), la figura de presa y depredador como un orden natural, inquebrantable y sofisticado, la divinidad y narcisismo de un “artista provocador” así como su atormentada relación consigo mismo una vez contempla su macabra obra.

Matt Dillon como Jack.

Von Trier cuestiona no solo el uso que hace de sus “materiales”, sino de sus dogmáticas sentencias unilaterales que suelen aparecer en sus películas en lo referente a la moral y a la violencia. Los códigos con los que ‘La casa de Jack’ cuestiona la obra de su autor son los de la comedia negra (negrísima por otro lado), la parodia (del propio cine de Von Trier claro), el terror, el esperpento y el ensayo con el único fin de desenmascarar a un sádico, un monstruo y un artista que lleva toda su obra llevando a su público de camino por el infierno; en este caso, el infierno sería el proceso creativo que atraviesa Jack para llevar a cabo sus crímenes a mujeres, animales y niños a ritmo de Fame de David Bowie convirtiendo de este modo a Jack en un espejo de Von Trier, un psicópata monstruoso, sacralizado, divinizado, narcisista, manipulador y malvado. Debido a esto, Von Trier cuestiona la perversa ficción amoral de su obra y cuestiona su obra (apareciendo en una secuencia de montaje de ‘La casa de Jack’ imágenes de ‘Dogville’, ‘Anticristo’, ‘Nymphomaniac’ o ‘Rompiendo las olas’) y la turbulenta recepción de las mismas. Por ello, a modo de sátira, Jack se denomina así mismo como “Mr. Sofisticación” pese al ridículo trastorno obsesivo compulsivo que padece o el frágil peso de unos argumentos “diabólicos” que, en la película, son rescatados con el humanismo de Goethe y su obra ‘Fausto’. Pese a ello, Jack no para de cuestionar la moral como un impedimento banal y humano para la consagración de un verdadero arte feroz (el suyo, el de un tigre) frente a un arte castrado y dócil (el de la sociedad, el de un cordero)

El cordero, representación de las víctimas en el cine de Von Trier: Lo sagrado, lo inocente, lo puro (‘La casa de Jack’)
El tigre: Representación del artista como depredador y por ende de Jack y Von Trier (‘La casa de Jack’)
‘La barca de Dante’ de Delacroix (1822)
El infierno en ‘La casa de Jack’

‘La casa de Jack’ se comporta así como un manual de los demonios de su director y sus obras. Un viaje por una mente enferma y perturbada, un viaje infernal en el que el sufrimiento, la demencia y la locura nublan las tinieblas del mal absoluto hasta encontrar el acceso a las cloacas de lo humano y del arte, es decir, el infierno. A través de la deconstrucción de su obra, Von Trier examina su recorrido artístico como un sinfín de matanzas en el que decenas de cadáveres funcionan como la puerta al infierno, sus películas. Como si los cadáveres congelados de Jack fueran los de el resto de sus películas, los que construyen la entrada a las catacumbas de la mentalidad de Von Trier. El personaje de Jack es un arquitecto que construye casas y Von Trier es un cineasta que crea imágenes. Ambos son artistas elevados cuyas patologías los arrojan de forma instintiva, como en un tigre, en un artista, a la creación y a la destrucción. En pocas palabras, el reino del caos del que hablaba aquel zorro que saludaba a Dafoe en el Edén de ‘Anticristo’.

El mundo de ‘La casa de Jack’ otorga valor al ajusticiamiento divino, aunque no terrenal pues la presencia de la policía o vecinos o testigos que puedan ir contra Jack brilla por ausencia, en el que la misma lluvia que borraba el rastro de sangre que Jack deja tras de sí como prueba incriminatoria se convierte finalmente, en un impresionante epílogo que rememora al prólogo de ‘Melancolía’, en todo un ajusticiamiento acerca del tormento que acaban por sufrir los malvados. De este modo, ‘La casa de Jack’ es una representación del infierno que es ser Lars Von Trier firmado por el propio Lars Von Trier, una carta avergonzada y o terrorífica del espejo roto que es el director danés, una prueba a los límites del arte y de la representación, un testimonio que al aparecer imágenes de sus películas anteriores se convierte en todo un testamento (inevitable pensar en Fellini y su ‘Ocho y medio’) y una lucha entre la afirmación y la contradicción. Y ante todo, una obra poética que reflexiona sobra la naturaleza perversa del artista, el cine de la crueldad y el influjo de deseo que cruza desde las imágenes de la pantalla hacía el espectador como una lucha entre la pulsión erótica (Bowie) y la tanática (Bach).

El infierno en ‘La casa de Jack’

Por ello, muchos espectadores se sentirán agredidos por los crímenes de Lars encarnados en este Jack pero la crueldad de Jack, aunque algunos la tilden de misógina o sádica (que lo es) exige un cuestionamiento de la imagen y una reflexión de la caracterización que hace el el propio espectador de la impostura del autor de la obra a consumir. Es decir, que el cuestionamiento ensayístico sí es una opción pero la censura no lo es (y eso Lars lo sabe muy bien) pues todo acto perverso y carente de prejuicio ejercido en ‘La casa de Jack’ se hace desde la concepción de sádico que tiene el autor de sí mismo y el público, del mismo modo, también. Así pues, nace la sátira y el cuestionamiento que, sin un enorme grifo abierto de sangre gratuita contra toda pureza e inocencia del mundo, sería imposible percibir por lo que, pese a su carácter espérpentico, terrorífico, cómico, absurdo, amoral y repugnante se encuentra la entrada a una mentalidad brillante e irresistible. En pocas palabras, el arte, la obra maestra incluso en este caso, la persona, la obra, la relación entre ambos conceptos y, en definitiva, la casa de un monstruo genial que no se cae bien ni a sí mismo.

‘La casa de Jack’ se estrenará el 22 de Febrero de 2019.