Crítica de ‘Al otro lado del viento’ de Orson Welles

Orson Welles rodó ‘Al otro lado del viento’ entre 1970 y 1975 en varias localizaciones de Estados unidos, España y Francia. Al principio, el rodaje comenzó con pocos actores y técnicos (amigos del director la mayoría) así como con poco dinero. Sin embargo, el gobierno americano puso trabas económicas al proyecto por lo que Welles tuvo que buscar socios que le ayudarán con la película. El resultado final nunca llegó a ver la luz debido a diversos factores como eternos problemas de financiación, pleitos y la propia muerte de Welles, que murió en 1985 aún reescribiéndola (quién además rodó más de cien horas de metraje). No fue hasta que entró Netflix que pudieron superar los problemas de producción, restauración y montaje que esta película póstuma e inacabada de Welles pudiera necesitar sortear para ver la luz.  Finalmente, ‘Al otro lado del viento’ se ha estrenado con algo más de cuatro décadas de retraso hoy, día 2 de noviembre de 2018, y en Netflix.

La película narra la historia de J.J.Hannaford (interpretado por el director John Huston), un director de cine americano que regresa a Estados unidos tras un retiro europeo para realizar su última gran película: ‘Al otro lado del viento’, una película erótica con la que Welles pretendía reflexionar sobre su posición actual en una época en la que el cine había sufrido toda clase de mutaciones. Mutaciones, claro está, en las que Welles no se sentía para nada identificado. La película muestra las veinticuatro horas previas a la muerte de Hannaford en un accidente de coche, muestra como rueda sin guión ni dinero de una manera un tanto anárquica así como un proceso creativo que persigue la metamorfosis hacía un, difícil, producto final.

A fin de cuentas, ni aún viendo el resultado final se podría explicar las motivaciones últimas de Welles debido a la existencia de demasiadas latas con horas y horas de metraje, borradores de un guión poco clarificador y un uso fragmentado de las escenas y la puesta en escena (no obviemos que Welles desarrolló en los últimos años de su carrera un enorme gusto por el montaje fragmentado como puede apreciarse en ‘El proceso’ en 1962 o ‘Campanadas a medianoche’ en 1965)

Escena de ‘Al otro lado del viento’

El visionado de esta película se revela un tanto extraña y misteriosa debido a la combinación de imágenes en color con imágenes en blanco y negro registradas en distintos formatos (35 mm., 16mm., 8 mm. y vídeo) que componen escenas y secuencias que van del estatismo al absoluto movimiento, así como a un montaje fragmentado que parece difícil de desentrañar. Por otro lado, ‘Al otro lado del viento’ está formada por dos películas: La propia ‘Al otro lado del viento’ y las veinticuatro horas del director, previas a su muerte, que la realiza. Welles hace dentro de la película que se rueda en su película (El ‘Al otro lado del viento’ del título) una parodia del cine de Godard y Antonioni que, quien haya leído “Mis almuerzos con Orson Welles”, sabrá que para el director americano era un cine que suponía una absoluta estafa. La complejidad simbólica, el machismo disfrazado de erotismo y la muerte del misterio son algunas de las cualidades que el viejo y sabio Welles veía en este “nuevo” (recordemos que la película se realizó hace cuarenta y cuatro años) cine moderno ya que, mientras otros contemporáneos de aquella época como Altman, Coppola o Spielberg triunfaban, él se sentía absolutamente desplazado, sin saber quién era él o sin saber que era el propio cine o qué podría llegar a ser.

Fuera como fuere, la curiosidad cinéfila siempre ha rondado alrededor de la figura de Welles y de ‘Al otro lado del viento’; película que termina con una muerte, con una pantalla sin espectadores, que se apaga y se muere. Quizá seamos los espectadores los que hemos fallecido, quizá sea el propio cine el que se ha convertido en pornografía, quizá el cine, o al menos el que conocía Welles, sea el que haya fallecido, quizá los directores como Godard o Antonioni sean los que lo han matado. Desde luego, interpretemos como interpretemos ‘Al otro lado del viento’, nos encontramos ante el final más feroz que este 2018 podía darnos. Ante todo, una película testimonial de un gran genio sobre la decadencia del cine, el arte y los autores. Ya saben, aquellos que terminan sus pelis.