‘Atardecer’ de László Nemes

”Atardecer’, película ganadora del premio FIPRESCI en la última edición del festival de Venecia que hemos podido ver en la 15 edición del festival de cine europeo de Sevilla, se comporta, por rasgos formales y por contexto histórico, como una especie de precuela o, digamos simplemente, una hermana menor de la multipremiada ‘El hijo de Saul’. La película que nos ocupa se ambienta antes de que Auschwitz se convirtiera en una de las cunas del horror contemporáneo, concretamente en 1913, en la Budapest del imperio Austrohúngaro. La protagonista de ‘Atardecer’ es Irisz Leiter (Juli Jakab), una mujer que pertenece a la descendencia de una importante familia de sombrereros que murieron en un incendio y que quiere reunirse con su identidad familiar pidiendo trabajo en la prestigiosa sombrerería que lleva el apellido de su familia tras pasar toda su infancia en un orfanato. Sin embargo, su apellido está manchado e Irisz no sabe porqué y por ello se dedicará incansablemente a descubrir el origen de la mancha de su apellido y la caída en desgracia de su familia. A partir de aquí, la película se convierte en una infatigable búsqueda por parte de Irisz para encontrar a su hermano.

Nemes, quien fue vanagloriado con ‘El hijo de Saul’ (Oscar a la mejor película de habla no inglesa incluido), repite formula visual, con más presupuesto, consistente en seguir el escorzo o el primer plano del personaje protagonista durante casi dos horas y media de película. La forma en la que Nemes aturde y desconcierta al espectador es en sí toda una experiencia sensorial pero no acaba de quedar claro el motivo por el que Nemes pone en marcha todo el armamento de refinada y elegante puesta en escena. Los planos secuencia y primeros planos parecen reproducirse con un alucinante juego de enfoques y desenfoques, aunado a un preciso juego de composición, en el que la protagonista aparece nítida y clara en medio de una nebulosa constante de personajes y hechos turbulentos. Ni el espectador ni Irisz tiene idea de lo que está pasando. Suceden cosas, sí, pero todas parecen un sueño, demasiado irreal para ser cierto. Tal vez la decadencia y el cambio pero solo tal vez.

Irisz en ‘Atardecer’

Por otro lado, más allá de alabar la puesta en escena, Nemes no parece saber de qué quiere hablar, tratando el inerte drama de su protagonista como un autómata en búsqueda de su hermano perdido y el conflictivo cambio social y moral que se esconde detrás del preciosista universo latente en la tienda de sombreros. Todo parece enfocar a que es el turbulento cambio social, que es el inicio del vuelco al mundo de Irisz, lo que le interesa a Nemes, usando sí de cuartada la búsqueda de su protagonista. De este modo, ‘Atardecer’ se comporta un tanto fría e inexpresiva, casi sin interés, pese a un enorme dispositivo que queda, casi siempre y parece que ya como “marca de la casa”, en el fuera de campo. Lo interesante de Nemes no es lo que muestra sino lo que ignora, del mismo modo que el espectador, Nemes e Irisz parecen no tener ni idea de lo que sucede en pantalla. Parece que sucede algo pero todo, a la vez, parece normal y es que tras la aparente normalidad anodina se encuentra un cambio fulgurante en el país y en Irisz. Pese a todo, una película que se empeña en ladrar constantemente con su virtuosismo pero que no deja poso de ningún tipo. Simplemente desconexión, tedio y, la verdad, cierta autoparodia y deseo de polemizar ciertos tramos de la película de manera gratuita (¿intentos de abusos sexuales por?). Decepcionante, irritante y preciosista película que parece hacer un retrato de la nada en un thriller de época que no conmueve, ni se abre a un discurso, en ningún momento de la cinta.