Crítica de ‘Climax’: Repulsión coreográfica.

A través del imperceptible retroceso casual como parte de una intencionalidad constructiva sobre el concepto del orgullo en el cine de Gaspar Noé, se distingue una voluntad discrepante en primer término, una distinción voluptuosa como germen propagandístico respecto a las líneas ordinarias que confluyen dentro del territorio del arte y el espectáculo. En la óptica del orgullo como órgano meritorio respecto a la consumación de la libertad absoluta, la controversia – seguida tanto del alabamiento como de la aversión – se confirma como principal precursora de una mirada que navega siempre a contracorriente, la de un director desquiciado y desquiciante, con capacidad innata para causar impacto pero con la incapacidad de rellenar la ferocidad de las imágenes con un sentido recurrente.

‘Climax’ de Gaspar Noe.

“Clímax”, su nuevo trabajo, reincide desde el primer intertítulo – una película francesa y orgullosa de serlo – en la promulgación del síndrome diferenciador por el que el director identifica las corrientes de creación, o al menos las suyas, sin evitar la pesada insistencia en la singularidad de su estilo. La premisa de la película acompaña su ratificación a través del artificio de la puesta formal, en la que el baile, la música y la estética conforman la exposición por la que Noé decide personificar el delirio y la utopía. La fascinación corporal se encuentra ceñida dentro de un intervalo inicial como fuente de apertura hipnótica, pero acto seguido, surge un conflicto mediante el cual película adquiere forma y por el que Noé comienza a difundir su impresentable y vacuo ideario de perversión cinematográfica. Desde este momento, nada que no hayamos visto anteriormente.

El grado de incremento repulsivo respecto a “Irreversible”, de condiciones similares mediante el uso inaprensivo de la violencia y el exceso, condiciona la fisionomía de un conjunto entregado a la simbiosis del malestar y el disparate. La coreografía de Gaspar Noé no busca en ningún momento la lógica, aunque sí intenta proyectar cierta reflexión sobre la condición humana y la imposibilidad existencial en la era contemporánea, lo que desde su exterior se aproxima a una vociferante pretenciosidad no vista hasta entonces en su filmografía.