Crítica de ‘Burning’: Internamiento en el aura

Las variaciones colindantes entre la personalidad real y la cercana apariencia tienden a formar parte de un estado que viene a ser invitado por ocultación de la verdad, resultado de una transfiguración del modelo perceptivo por el que el pensamiento, a través del desconocimiento, construye la entidad propia y la identidad ajena. Lee Chan- Dong se mueve entre el recelo misterioso y la fascinación por lo inexplicable en “Burning”, internamiento en el aura del prototipo misceláneo, irresoluble, donde se condensa un potente aroma novelesco contenido por la sofisticación formal y la solidez de un componente social escenificado por la distinción clasista.

En la adaptación de “Quemar graneros”, relato corto de Haruki Murakami, Lee Chang-Dong escenifica con estilizada y especial minucia la visceralidad constreñida por la desasosegante efigie del amor como principal motor, escurridizo y sangrante, entre un mensajero – apunte también del doble filo identitario del protagonista como aspirante a escritor – y una enigmática chica a la que conoce en una de sus habituales entregas. La aparición de un tercer personaje, fruto del encuentro fuera del espacio contextual de la trama, provoca la descomposición argumental y consiguiente reversión a un aspecto de primordial misterio, unido al territorio de la denuncia social.

El eje de dirección cómo órgano prioritario en la conjunción de la película se centra en presuponer la desligadura del artificio como fuente indispensable a la hora de crear una atmósfera. La cámara de Lee Chang-Dong se mueve bajo la exquisitez visual respecto al progreso de la acción, en la que el ritmo reafirma dicho posicionamiento sobre la desestimación artificial de muchas películas de carácter o género similar a “Burning”. La pausa y la meticulosidad puntillosa en cada plano construyen extraordinariamente una historia de ambición temática sorprendente. El director coreano, además de tejer con exquisita brillantez la historia de una incansable búsqueda, de un amor misterioso, de estados y apariencias inestables, es capaz de abordar un reflejo sobre la actualidad de su país, haciendo especial hincapié en la desigualdad de clases mediante la ostentación simbólica. “Burning” o la película que converge, al igual que su cuerpo, en la mente del espectador una vez que asiste a la proyección. Las imágenes y su tonalidad cambian, trastornan y mutan hasta crecer incansablemente.