66SSIFF: ‘Roma’ de Alfonso Cuarón.

Un cubo de agua limpia la suciedad del garaje de una familia de clase media mexicana, estamos en los años setenta y Cleo (Yalitza Aparicio) es la empleada domestica de esta familia, la mujer que limpia su suelo. Cleo fue la nana de la casa del director, guionista y fotógrafo de la película, Alfonso Cuarón (Ganador del oscar a la mejor dirección en 2013 por ‘Gravity’), por lo que el personaje está basado en una persona que existió en el mundo real. La voluntad de Cuarón al realizar ‘Roma’ (Título en honor a la colonia en la que se crió el director), película que hemos podido ver en la reciente 66 edición del Festival de San Sebastián, era dedicarle una carta de amor a la mujer que, junto a su madre, la señora Sofía (Marina de Tavira), y sus hermanos, era considerada una más de su familia. Cuarón establece sus recuerdos como un juego de luces y sombras, de blancos y negros, de alegrías y tristezas, de nacimientos y muertes, de paz y terremetos, de océanos e incendios. La voluntad del cineasta mexicano (ganador del León de oro en la pasada mostra del Festival de Venecia a la mejor película del año por ‘Roma’) no es otra que la de retratar con un aire melancólico y tierno la vida de Cleo en la época en la que él era todavía un niño. Y, de paso, reconocer ciertos aspectos socioculturales de la época como el machismo, el clasismo o las manifestaciones armadas en las calles.

Cleo, pese a su condición de empleada de una familia adinerada, no vive una vida en el umbral de la pobreza o en una situación de socorro sino que es una joven feliz que tiene tiempo para ir al cine, salir con chicos (o con su mejor amiga) y, en definitiva, ser feliz con la familia para la que trabaja ya que la tratan como una miembro más del núcleo. Hasta aquí la película se torna en dos caminos y ambos se suceden paralelamente: Por un lado, Cleo se ha quedado embarazada de un joven, Fermín (Jorge Antonio Guerrero), “machito” y acomplejado (Cuarón así lo retrata en una secuencia en la que el joven practica artes marciales de una manera harto obsesiva y “masculina” desde la perspectiva más hegemónica y cómica posible) que se desentiende del niño mientras que la familia para la que trabaja se enfrenta a ver como el cabeza de familia, el señor Antonio (Fernando Grediaga), patriarca excéntrico e infiel que le pone nervioso todo lo que tenga que ver con la vida familiar, está a punto de desaparecer de sus vidas. Lo que une del todo y consagra definitivamente la unión entre Cleo y la familia es un abrazo “escultural” en la playa que retrata, de una forma bella y sublime (en el que es posiblemente el mejor plano de toda la carrera de Alfonso Cuarón) como las mujeres se unen, o se funden, entre ellas para no dejarse ahogar en un mundo dominado por los hombres (tanto en el ámbito físico como es el caso de Cleo como en el emocional que es el caso de la señora Sofía). Dicha escena es una ruptura con el triste pasado, un sollozo lleno de esperanza y alegría, de un amor sin límites. Probablemente, el de una familia que acaba de crecerse ante la desgracia, el de una familia que sale del medio acuático en el que han estado a punto de ahogarse para dar lugar a un nacimiento en tierra. Es la bella metáfora de un parto, el futuro de la familia y de Cleo, a través de una muerte, la del pasado (metáfora ya usada, por cierto, en el final de ‘Gravity’).

La familia al completo en ‘Roma’

Más allá de la liberación de la figura patriarcal como eje de las vidas de los personajes principales, la señora Sofía y Cleo afrontan el desafío de la maternidad de una manera harto cruel y difícil. En primer lugar, esto se lleva a cabo por la idea de que la mujer es la que ha de encargarse de los niños mientras el hombre debe encargarse de las labores relacionadas con el mundo, el dinero y el trabajo (mentalidad que revolotea por la mentalidad masculina de los personajes varones y principales de la trama, el señor Antonio y Fermín) y por otro, el precio a pagar por la maternidad. ‘Roma’ trata de emancipar así a sus personajes femeninos del abandono masculino, de su traición, falsedad y vehemencia para hallar así libertad, claridad e independencia. Por otro lado, ‘Roma’ es una película que explora más allá de las dinámicas de género y familiares, los conflictos de una época marcada por la violencia y las injusticias sociales (no muy alejada de nuestros tiempos). Cuarón establece un relación entra la situación política y social del país con la faceta más personal de Cleo y su familia. Aquellos “desastrosos” años marcados por la violencia en el ámbito social se trasladaban el personal, y viceversa, sucediéndose de una manera casi documental en el que la cámara de Cuarón opta por centrarse únicamente en planos secuencia y sencillos paneos (controlando bastante el excéntrico virtuosismo con el que el director mexicano nos tenía acostumbrados). ‘Roma’ es así, digámoslo ya, una obra maestra llena de humanismo, ternura, vida y muerte. Lo más cercano que ha estado el cineasta mexicano de la perfección.