66SSIFF: ‘Quién te cantará’ de Carlos Vermut

La turbiedad presentes en ‘Diamond flash’ y ‘Magical Girl’, ambas del director Carlos Vermut, se ve contundentemente reducida al artificio de una bellísima puesta en escena en ‘Quien te cantará’, su última película que hemos podido ver en la 66 edición del festival de San Sebastián. Mientras que en las dos primeras películas de su director, el misterio y la violencia destruían toda pizca de raciocinio en favor de una extraña pulsión violenta en los personajes (que ni ellos ni el espectador podían aclarar de una forma racional) y de la deconstrucción de los mismos, a través de puzzles o superhéroes incluso, el estilo y el misterio son los verdaderos protagonistas de ‘Quién te cantará’; película que es, probablemente, la apuesta más radical de su director a día de hoy. Seguimos la historia de una cantante pop retirada con amnesia, Lila Casen (Najwa Nimri), junto a la de su agente personal, Blanca (Carme Elías), su mayor fan, Violeta (Eva Llorach), y la hija de esta, Marta (Natalia de Molina). La película de Vermut es un complejo juego de espejos rotos, una película que refleja la lucha de hallar la realidad en un mundo hiperreal, de superar la verdad con la copia (o al revés), de definir la identidad o redefinirla o, si se prefiere, pensar que esta no existe o que esta solo se halla en comparación con la fractura identitaria del de enfrente. Como siempre en Vermut, la fractura lleva al borde del precipicio. Un precipicio moldeado sobre traumas del pasado que empujan a los personajes a sus pasiones más bajas y oscuras.

Eva Llorach en ‘Quién te cantará’

La mayor fan del personaje de la artista pop, Lila Casen, es Violeta. Violeta regenta un karaoke en el que, durante un par de horas al día, se convierte en Lila. Se viste como ella, se pone una peluca como ella y canta como ella sin saltarse ni un solo detalle de la representación. Violeta es, en sí, una copia de la representación que Lila Casen hace de sí misma en los escenarios (o en Youtube). Cuando Lila pierde la memoria tras un accidente en la playa, Lila deberá aprender a ser Lila de nuevo. Es decir, Lila tiene que aprender a simular ser Lila (del mismo modo que Violeta simula ser Lila en las noches alcoholizadas de karaoke). La encargada de adiestrarla será Violeta, su mayor fan, quién conoce todas sus canciones, bailes, gestos y actitudes. Por otro lado, Lila llevaba más de diez años sin cantar y su agente, una maquiavélica empedernida, le estaba organizando, hasta el accidente en la playa (detonante absoluto de la historia), el regreso a los escenarios para reencontrarse con el público. Paralelamente, Violeta tiende a convivir, o sobrevivir, con el espectro pop de Lila, usando la música de su admirada artista como consuelo frente a la marcada violencia doméstica que su hija, Marta, lleva a cabo en su casa como una dictadura del terror y la manipulación emocional. Una vez aquí, Vermut pone las cartas sobre la mesa pero revela poco más, pues ‘Quién te cantará’ es un ejercicio de reconstrucción del vacío (la performance de Lila Casen como artista pop y la interpretación de Violeta en los karaokes) a través de la deconstrucción de la nada (la identidad real de Lila y de Violeta). La mimetización entre ambas figuras, comportadas como si fueran un espejo que se miran el uno en el otro, es el juego en el que Vermut no nos revela quién es el sujeto y quién es el reflejo, o hasta qué punto es uno sujeto y no reflejo (o copia).

Eva Llorach en ‘Quién te cantará’

De esta manera nace la pesadilla, la angustia y la desesperación de dos personajes esclavos de la apariencia o de los demás que, y eso es lo interesante, se acaba por no saber hasta qué punto empieza uno y acaba el otro. De ahí al precipicio, la muerte y al suicidio. La transformación identitaria como aniquilación de otra identidad (transformación que se aprecia cristalinamente en el plano secuencia del enfrentamiento “madre-hija” entre Violeta y Marta), de una terrorífica mutación que se encara de un terreno vacío a encararse con un abismo, también, irremediablemente vacío. Por ello, también podremos apreciar como el personaje de Blanca ha construido su identidad en base a la identidad de Lila, del mismo modo que Marta construye la suya en base al maltrato a su madre o a sus amigas en un terreno que ni ella misma sabe si es “buena” o “mala” persona. Vermut establece un esquema de relaciones personales que se retroalimentan estableciendo identidades, contradicciones y filtraciones del deseo que traspasan la carne como un cuchillo (de manera literal en ‘Quién te cantará’) hacía las pulsiones más oscuras de los personajes.

Ciertos ecos a ‘Persona’ (1966) de Ingmar Bergman y a ‘Tacones lejanos’ (1991) de Pedro Almodóvar recorren la película, aunque se quede únicamente en ecos puramente estilísticos, llegando, Vermut, a invadir la película de constantes planos compartidos entre los dos personajes principales, playbacks entre luces de karaoke con fondos azules y rojos o pantallas, o cuadros, gigantes que muestran el conflicto identitario para con la mentira y los secretos que guardan los personajes. De hecho, el propio Vermut construye su identidad como autor a partir de Almodóvar o Bergman en esta película (al igual que en ‘Magical girl’ compartía ciertos toques del cine más negro y simbólico de Carlos Saura o en ‘Diamond flash’ con los estilemas propios del cine de Davd Lynch), lo que sugiere que tampoco podríamos adivinar hasta qué punto Vermut es Vermut o hasta qué punto Vermut es Almodóvar o Bergman. La cualidad del pastiche y la hipertextualidad en el cine son recursos muy posmodernos (grupo dentro del que Vermut, sin duda, se incluye).

Del mismo modo que Violeta con Lila, gran parte de la masa olvida su identidad para que le adiestren en una, para que le enseñen una identidad. La identidad, denominémosla real, es vista en ‘Quién te cantará’ como un fantasma. ‘Llegamos así a una película que se comporta como una reconstrucción, o un estudio, del sujeto partiendo de su reflejo y, por ello, un complicado terreno con difícil salida en el que identificar lo original del playback. Con ello, el reflejo de una sociedad atormentada en la imposibilidad de hallar su identidad real en un constante juego de espejos mediáticos. ‘Quién te cantará’ (qué, por cierto, es una ampliación directa del universo ‘Diamond Flash’) es así la película más radical de Carlos Vermut. Un complejo juego, más Almodovariano que Bergmaniano, que dividirá incluso a los más fieles del director. Pero sin duda, otra excelente y brillante película de Carlos Vermut, con una interesante tesis acerca de la fragilidad de la memoria y la personalidad.