66SSIFF: ‘Malos tiempos en el Royale’ de Drew Goddard.

Drew Goddard, director que sorprendió con la divertida ‘La cabaña en el bosque’ (2012), explora las culpas del pasado norteamericano en ‘Malos tiempos en el Royale’ . Goddard trata de extirpar las culpas de siete personajes aparecidos en un hortera hotel junto al lago Tahoe, a base de un interrogatorio sectario y diabólico sobre el Vietnam, Nixon, Manson, la instauración del estado del bienestar y la paranoia de un país que ve enemigos en todas partes (cuando de hecho, los líderes del Royale, no aparecen en ningún momento siendo invisibles). La película funciona como una metáfora del pasado histórico de los Estados unidos: Este país (el hotel Royale), en el que “el bien” (simbolizado como un falso sacerdote) ha perdido la memoria (con evidentes reminiscencias al presente) y está siendo dominado por el diablo, simbolizado por el líder de una secta parecida a la de Charles Manson, Billy Lee (Chris Hemsworth), que trata de ser un álter ego de la figura presidencial estadounidense (ya sea ayer u hoy) ligada a la psicopatía de Charles Manson. La invisibilidad de los líderes del hotel, así como el desconocimiento de sus intenciones, sumado a otras causas como la imposibilidad de acceder a las industrias culturales o la incapacidad para diferenciar entre cuestiones morales como el bien y el mal, convierte el Royale en un purgatorio de los crímenes y fechorías de sus invitados. De esta forma, Goddard refleja el Estados unidos sesentero como el origen del odio, el fuego y el mal que invadiría el futuro de nihilismo, psicopatía, podredumbre moral, miedo y decadencia. Lecturas aparte, la película de Goddard tiene más peso en el ámbito estético, posmoderno, pop y referencial, tratando de plagiar constantemente la sintaxis Tarantiniana, con unas ideas presuntamente innovadoras u originales en el que una larga duración y una saturación de puntos de giro, aunados a un guión cansino y en extremo largo, llevan a la película al histrionismo más agotador.

Intentando indagar en la memoria histórica de mediados del siglo XX en Estados unidos, el director opta por crear una historia autocomplaciente, metafóricamente cargada, con unos diálogos, presuntamente emocionales, aburridos y unas interpretaciones que rozan la parodia de sus interpretes (véase el caso de John Hamm y del insufrible Chris Hemsworth). Lo que empezaba como una película gamberra y divertida acabo por convertirse en un pastiche entre ‘Four rooms’ (1995) y ‘Abierto hasta el amanecer’ (1996) dejando leer la intención de un director que pelea por hacerse notar más que por salvar su producto (un guión con tantas vueltas que sabe de una manera absolutamente inorgánica), con la imposición de un eterno subrayado (la película dura dos horas y veinte minutos) que pretende recordar al espectador constantemente que está en el infierno disfrazado de paraíso, que el dinero es lo peor y que la memoria histórica acabará por vencer al mal. Decepcionante, impostada y aburrida película.