66SSIFF: ‘First man’ de Damien Chazelle.

El tan lamentable como idolatrado director estadounidense Damien Chazelle, que es de esos empeñados en que “la letra con sangre entra”, vuelve a por otra historia de “elegidos” tras las exitosas y manipuladoras ‘Whiplash’ (2014)y ‘La la land’ (2016). En este caso no se trata de artistas de jazz bohemios o actrices desesperadas por obtener un papel sino un caso real, el de Neil Armstrong, primer hombre en poner el pie en la luna. Se trata de ‘First man’, uno de los platos fuertes para los Oscar que pudimos ver en la 66 edición del festival de San Sebastián. Rebajando en altas dosis su excéntrica personalidad de cámara y la impostada retórica capitalista, Chazelle se embarca en este producto de encargo sin ninguna pasión o épica tratando de encerrarnos en pocos metros cuadrados con un Ryan Gosling (que interpreta a Armstrong) tan insulso como es habitual. La historia viene marcada por el ambiente familiar que discurre por casa de los Armstrong tras el fallecimiento de su hija pequeña. A modo de superación personal, Armstrong se esfuerza al máximo por lograr ser el primero en ir a la luna (misión por la que todo aquel que intenta pasar acaba muerto o herido en un ensayo). Chazelle expone este formulaico biopic desde la óptica familiar de un ser humano, por encima de su leyenda, que se enfrenta a la pérdida, así como a un enorme riesgo de no volver a su hogar, de manera que parece seguir un libro de recetas de héroes americanos para el cine. Abundante en primeros planos y barridos, todo a cámara en mano, la película se encuentra absolutamente perdida en una puesta en escena tan pobre como su guión llegando a percibir el desperdicio de medios y el desperdicio de Clare Foy, probablemente lo mejor de la película, como actriz secundaria.

Una escena de ‘First man’

Escrita por Josh Singer, responsable de éxitos como ‘Los archivos del pentágono’ (2017) o ‘Spotlight’ (2015) y producida por Steven Spielberg, ‘First man’ supone otro relleno repetitivo y desganado para los que buscan el cine más vacío y menos exigente de los oscar. Por otro lado, sus excesivos 140 minutos de metraje revelan un tremendo histrionismo, que sumada a la forzada épica y a la falta de toda emoción o corazón, desemboca en un terreno más pasivo y cansino que heroico o intenso. El egocéntrico Chazelle parece ser la joven diana que los estudios pretenden, y seguirán pretendiendo, estirar hasta que el público se aburra de él y aparezca otro como el joven director. La industria sigue y los directores son reemplazados por modas; en medio de todo ello, ‘Damien Chazelle y su First man’ demostrando que, a cambio de visitas masivas a las salas, la industria americana nos seguirá tomando como individuos que nos importa poco o nada la cultura pero sí el entretenimiento más confortable y ¿por qué no decirlo? propagandístico. Lamentable director e interminable película cuyo único fin es hacer dinero y acaparar nominaciones para los Oscar.