Crítica de ‘Todos lo saben’: El paródico apasionamiento español.

Las mentiras y el pasado son todo un secuestro del que, tanto los que esconden secretos como cualquiera, desearían poder liberarse. Esta parece ser una constante en el cine del director iraní (ganador de dos Oscar, un globo de oro y un oso de plata) Asghar Farhadi, quien parece empeñado en contar, con el firme pulso del thriller, las mentiras y secretos del pasado de sus personajes que, paralelamente, asfixian su presente. Sin consuelo ni redención posible. El espacio en sus guiones suele ser fundamental (ya sea el escenario de un teatro en el que se represente Muerte de un viajante, la Irán contemporánea o la España más rústica) para narrar la caída en desgracia de las relaciones de pareja. Farhadi es así uno de los directores más brillantes de nuestra época, llegando a combinar los dilemas morales más duros con el thriller más electrizante en el que el posicionamiento moral se hace complicado al salir de la sala.

Compartiendo ciertos ecos lejanos de argumento con la magnífica A propósito de Elly (que también narra la historia de un secuestro), Farhadi se embarca en una producción española (co-producción con Francia e Italia) con todo un equipo de españoles tanto en el apartado artístico como técnico en su reciente Todos lo saben. La película narra el despertar a los sentimientos y secretos más encerrados de una familia castellana  ,y del pueblo que habitan, en plena celebración de la boda de una miembro de la familia (Inma Cuesta). El detonante es el secuestro de Irene (Carla Campra), la sobrina de la novia, en dicha celebración. A raíz de dicho incidente incitador, se desatan las pasiones más forzadas y estereotipadas que un espectador podría esperar de una película española “rústica” (¿por qué sino bailan flamenco en la boda o el personaje de Paco, interpretado por Javier Bardem, imparte clases de vinos?) La novia es la hermana de Laura (Penélope Cruz), quien acude a la boda desde Buenos Aires donde vive con sus hijos (que acuden a la boda) y su marido (Ricardo Darín), quien decide no ir a la celebración. Alrededor de Laura, la presencia de un fantasma sentimental del pasado, Paco (Javier Bardem).

Javier Bardem interpreta a Paco.

Inesperadamente, Farhadi pasa del terreno “emocional” o “intelectual” al terreno del más mítico culebrón. Las emociones latinas a flor de piel respiran traiciones, encontronazos, deseos torcidos, romances perdidos, amores eternos, fanatismo religioso, adicción al alcohol, heridas sin cicatrizar y, sobre todo, un pasado asfixiante. El problema no reside únicamente en la infinita cantidad de ingredientes que Farhadi introduce en la caótica batidora narrativa de Todos lo saben, sino su descuido al desarrollo de algunos personajes secundarios (como es el caso de los personajes de Eduard Fernández, Inma Cuesta, Ricardo Darín o Bárbara Lennie), la sensación de que la trama gira sobre su propio eje para despistar al espectador, un final  sobreexplicativo (y tremendamente cerrado) y unos actores que se morían por trabajar en un proyecto de primera fila con un director, también, de primera fila. Todos lo saben es la estética de una telenovela hispana bien rodada y bien interpretada, fría como el hielo (pese a la calidez de las emociones que se muestran) pero paródica de manera involuntaria al mismo tiempo, donde no cabe la empatía con los personajes ni con las tramas secundarias. La película pretende hablar de las relaciones de las personas con su pasado en un pueblo castellano (ciertos ecos lejanos a Lorca o a Saura) en el que el caos coral, y gratuito, fagocita la propia historia destruyéndola desde los cimientos hasta el tejado. El resultado son las cenizas de una historia con una perfecta sintaxis pero, por desgracia, con un contenido vacío y que, inesperadamente y tratándose de ser el director que se encarga de todo, no funciona. Redundante, pesada, paródica y sobrecargada, Todos lo saben habla de nada queriendo hablar de todo. Por no hablar de la visión tremendamente arcaica, rancia y estereotipada que se da de España o, si se prefiere, de la cultura hispana en general. No estamos ante una película sobre la incomunicación o el peso del pasado sino ante un thriller de secuestros tremendamente edulcorado.

Lo mejor es la interpretación de Javier Bardem como Paco y la cinematográfica secuencia de la boda. Lo peor es el personaje del policía retirado que les aconseja que vigilen a sus familiares (destruyendo toda posibilidad de verosimilitud en la trama).