‘Network’: La hiperrealidad y la ira popular en los mass media.

INTRODUCCIÓN: LA HIPERREALIDAD, BAUDRILLARD Y BOURDIEU.

La función más importante del signo es, según el prestigioso filósofo Jean Baudrillard (1996:17), “hacer desaparecer la realidad, y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición”. Esto podría explicarse de forma sencilla en la compra de un producto en un supermercado: En dicho establecimiento, según está lógica, se vuelve más importante el valor del signo que la función real del contenido; es decir, sentir que un producto sea mejor que otro por una determinada marca dicta mucho de lo que sería real de hiperreal. Si a la forma de experimentar la vida en la posmodernidad le sumamos este engrandecimiento del valor del signo, podremos entender mejor lo qué se denomina, según el propio Baudrillard, hiperrealidad. La sociedad posmoderna se haya, en medio de una cultura tecnológica, deseos de evasión y de medios de comunicación de masas, que influyen en la modificación de la vida, así como la forma de experimentarla de las personas, en un terreno lo suficientemente apto para una forma de vida hiperreal. Braudillard la define como “la simulación de que algo que nunca existió”, mientras que el escritor Umberto Eco la define como “la falsedad auténtica”. (VON WERDER, 2013)

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La hiperrealidad en Matrix.

La realidad es sustituida por el simulacro haciéndose de esta forma, la hiperrealidad, real.¿Pero qué es simulacro? Baudrillard lo explica con un ejemplo bastante clarificador: Una enfermedad disimulada y otra simulada. El médico podría determinar quién disimula la enfermedad pero no quién quien la simula (ya que esta última persona desarrolla los mismos síntomas propios de dicha enfermedad) Disimular es así un principio de la realidad pero es imposible distinguir cuando hay un simulacro (los síntomas de la persona que simula la enfermedad). De este modo, existiendo simulacro, se hace imposible distinguir entre verdad o mentira, entre real o falso. La verdad y lo real dejan de existir dejando espacio únicamente a los simulacros, copias no originales, reflejos… en definitiva, hiperrealidad. Por ejemplo, en la película Matrix (hermanas Wachowski, 1999), la realidad en la que cree vivir el personaje de Thomas Anderson (Keanu Reeves) no es más que un simulacro de la realidad ya que, la realidad, la auténtica, es que habita en un programa de software llamado Matrix bajo una dictadura de las máquinas sobre el ser humano. Lo que Anderson considera libertad se convierte así en esclavitud enmascarada de real. El simulacro en Matrix es su vida, una mentira, una copia de la verdad. Esta confusión entre lo real y lo no real es una característica propia del ser humano posmoderno. (VON WERDER, 2013)

Como dijo el prestigioso sociólogo Pierre Bourdieu (1997:28): “(…) la televisión, que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en un instrumento que crea una realidad”. Esta sería una interesante premisa para analizar la hiperrealidad en la película estadounidense Network (Sidney Lumet, 1976). Network (que se traduciría, a modo de segundo título y de manera desafortunada, en España como Un mundo implacable) narra la historia de Howard Beale (Peter Finch), “el primer caso que se conoce de un hombre que fue asesinado porque bajo su índice de popularidad” (como narra una voz en over en el epílogo de la película). Howard Beale, importante presentador de informativos, es echado a la calle cuando baja el nivel de audiencia de su programa (incidente incitador de una historia que habla, desde esta primera escena, sobre la falta de escrúpulos de los que hacen televisión). Deprimido y perdido, antes de abandonar el programa, anuncia que se va a disparar en la cabeza en directo dentro de una semana. Este hecho provoca una serie de acontecimientos que llevarán a Howard Beale a convertirse en un profeta televisivo, así como toda una revolución en la cadena (UBS), en los teleespectadores y en la forma de consumir televisión. Un cambio sin precedentes.

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EL SUICIDIO REAL DE CHRISTINE CHUBBUCK Y EL FICTICIO DE HOWARD BEALE.

Sería importante añadir, antes de adentrarnos más en la película, que Paddy Chayefsky (guionista ganador del oscar por esta película) se inspiró en un acontecimiento anterior al estreno de la película: un suicidio real que sucedió años antes en Estados unidos; se trata del caso de Chistine Chubbuck, presentadora de noticias que se disparó a la cabeza en 1974 ante los ojos del mundo y en riguroso directo. Este es sin duda un hecho que hizo reflexionar a Chayefsky ya que, Chubbuck, era una mujer deprimida (cosa que la llevo al suicidio), entre otros muchos motivos, por no poder mejorar su audiencia así como la inexorable, pero certera, espera de un despido bastante cercano por no poder mejorar su nivel de popularidad (del mismo modo que le sucede al personaje ficticio de Howard Beale). Sus últimas palabras antes de suicidarse en directo fueron: De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio 8 El suicidio de Chubbuck sin duda hablaba del final de una era, del final de la televisión como se conocía hasta ahora. Quizá el final del mundo tal y como se conocía. El personaje inventado por Chayefsky, Howard Beale, se convertiría así, de una forma espeluznante y negra, en una especie de Christine Chubbuck que, si no se hubiera suicidado, habría sido (del mismo modo que fue Beale en la ficción) asesinada por los ejecutivos de la cadena. Un final, que en cierto modo es también un comienzo, manchado de sangre (y no solo en la ficción). Sin ninguna posibilidad de que no corra un charco rojo como motor del cambio.

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Christine Chubbuck

Es decir, si unimos el suicidio real de Christine Chubbuck con el asesinato ficticio de Howard Beale, recordamos que ambos personajes se querían suicidar en directo por no tener un nivel alto de audiencia y lo sumamos a la sentencia que hace Chayefsky al final de Network (“El primer hombre que fue asesinado porque bajo su índice de popularidad”) llegamos a varias conclusiones: La primera es que la televisión puede matar gente, la segunda es que la televisión mataría gente si con ello obtuviera más audiencia y la tercera es que la televisión tuvo un momento de “no retorno” en el que descubrió el filón para lograr altísimos niveles de audiencia (imágenes de violencia, muerte o destrucción). Es importante entender, una vez llegados aquí, que Network nos está hablando de una revolución, de una nueva forma de entender el mundo. Un mundo en el que la televisión es la nueva Biblia y el presentador de nuestro programa favorito es nuestro párroco y confesor.

 LA TELEVISIÓN: LA NUEVA RELIGIÓN DE LOS NUEVOS TIEMPOS

En Network, el papel de la televisión como religión está muy presente: la televisión es vista como el evangelio, el director de la cadena UBS como el mismísimo Dios, Howard Beale como el profeta que difundirá “la palabra” debajo de una especie de rosetón de iglesia. Llegados a este punto ¿Cuál es la palabra de Howard Beale? ¿Cuál es el discurso del nuevo profeta de la nueva religión? ¿Cómo convencer al público de que lo que ven es real y no una simulación, una manipulación de la realidad? ¿Qué quiere oír gente tan acomodada como desencantada con la vida americana? Por partes. En un mundo posmoderno que desconfía de la realidad con mayúsculas se necesita una nueva realidad ¿Qué medio se usará para inventarla? La televisión ¿Quién extenderá la nueva realidad en el nuevo medio? El presentador, Howard Beele. Si hablásemos en un lenguaje más técnico desde el punto de vista comunicativo podríamos pensarlo de la siguiente manera: Dios, el emisor (el director de la cadena UBS) manda un mensaje (el que le interese que para eso es Dios) a la masa (los receptores, los telespectadores) a través de un canal (Howard Beale, la televisión) y un código (espectáculo, circo, violencia, manipulación, entretenimiento). Resulta irónico que el personaje de Howard Beale grite verdades como puños sobre nuestro tiempo en televisión a la vez que afirma que todo lo que dice la televisión es mentira. De esta manera, la televisión simula decir la verdad pero no disimula decirla ya que, si pensamos en el ejemplo de Baudrillard ya mencionado anteriormente, podemos saber si alguien disimula una enfermedad pero no si la simula, ya que la simulación de una enfermedad te hace “enfermo” y no “enfermo” al mismo tiempo pero no una sola cosa. Por tanto, la televisión puede mentir para decir la verdad o decir la verdad a través de la mentira pero ¿Cómo distinguimos cuando hace qué? No se puede distinguir lo real de lo que no lo es en una simulación de la misma y, por tanto, la televisión es tan “real” como “no real” pero nunca una de las dos cosas. Es por ello que Howard Beale utiliza la televisión para decir que todo lo que dice la televisión es mentira. Luego, Howard Beale dice “la verdad” y “la mentira” a la vez pero no una sola cosa ya que, recalco, es imposible saber realmente qué es qué en dicho contexto (recordemos que el ser humano en la posmodernidad se acostumbra a las lógicas duales).

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Beale es la televisión hecha carne: es un mentiroso compulsivo, un loco trastornado, un hombre que ha perdido la cabeza…En definitiva, es una víctima más de la televisión (que le arrebata la cordura) hasta que los ejecutivos de la cadena lo convierten en una víctima mortal. Él mismo se ha convertido en una simulación de la realidad (cosa que también podrá verse en la “representación humana” del aspecto negativo de la televisión, que sería el personaje de Diana Christensen, interpretada por la ganadora de un oscar, Faye Dunaway), parece decir la verdad y aunque no queremos escucharle, todos seguimos viendo la película igual que toda América seguirá viendo su programa. Somos unos adictos a la televisión, a la trastornada, falsa y manipuladora televisión y el cine es más de lo mismo. Usar el arte como canal para expresar la falsedad e inutilidad del arte es una tendencia muy propia del arte posmoderno (recordemos que en la posmodernidad prima la desconfianza y el arte no se queda atrás en esto) Podría decirse que el juego que expone Network es romantizar de forma empresarial y seductora lo que en realidad es un síndrome de Estocolmo por parte de los medios. El juguete con el que los mentirosos juegan a decir la verdad a la cara de gente incapaz de discernir entre verdad y mentira (véase los espectadores del programa de Howard Beale).

Howard Beale lo expresa así en su discurso más importante en la película:

¡Así que escúchenme! ¡Escúchenme! La televisión no es la verdad. La televisión es un maldito parque de atracciones. La televisión es un circo, un carnaval, una trouppe itinerante de acróbatas, cuentistas, bailarines, juglares, monstruos de barraca de feria, domadores de leones y jugadores de fútbol. Estamos en el negocio de matar el aburrimiento. Si quieren saber la verdad, acudan a Dios, acudan a sus gurús, búsquenla en ustedes mismos porque es en el único lugar donde van a encontrar la auténtica verdad. Pero amigos, nunca van a obtener ninguna verdad de nosotros. Nosotros les diremos cualquier cosa que quieran oír. ¡Nos encanta hacerlo! Les diremos que Kojak siempre atrapa al asesino, y que nadie tiene cáncer en la casa de Archie Bunker. Y no importa en que problemas se halle nuestro héroe favorito, no se preocupe. Sólo mire su reloj, y dentro de una hora, él saldrá airoso de cualquier situación. Nosotros le diremos cualquier mierda que quieran oír. Manejamos ilusiones, amigos. ¡Nada de ello es verdad! Pero ustedes sentados ahí día tras día, noche tras noche, gente de todas las edades, colores y credos nosotros somos lo único que conocen. Están empezando a creer en las ilusiones que tejemos aquí. Están empezando a creer que este tubo es la realidad y que sus propias vidas no son reales. Hacen lo que el tubo les dice. Visten como el tubo les dice, comen como en el tubo y educan a sus hijos como en el tubo. Incluso piensan como en el tubo. Esto es una locura colectiva. Ustedes son maníacos. En el nombre de Dios, ustedes son la realidad. Nosotros somos ilusión. Así que apaguen sus televisores. Apáguenlos ahora. Apáguenlos y déjenlos apagados. Apáguenlos en medio de esta frase que les estoy dirigiendo ahora. ¡Apáguenlos! 

La escena en la que Howard Beale es llamado a hablar con el presidente de la compañía propietaria de la UBS, el señor Arthur Jensen (Ned Beatty), es probablemente de las más misteriosas de la película. Una escena que podría interpretarse como Moises (Beale) hablando con la zarza (Jensen). Dejo el discurso de Jensen aquí:

ARTHUR JENSEN: ¡¡Se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza, señor Beale!! ¡¡Y yo no se lo tolero!! ¿Está claro? Usted cree que sólo ha impedido un negocio… pero ése no es el caso. Los árabes se han llevado millones de dólares de este país, y ahora tienen que reponerlos. Es el flujo y reflujo. Es el ritmo de las mareas. Es un equilibrio ecológico. Usted es un viejo que sólo piensa en términos de naciones y pueblos. No existen naciones, no existen pueblos. No hay rusos, no hay árabes. No existen terceros mundos ni Occidente. Existe únicamente un gran sistema de sistemas. Un vasto y salvaje entretejido, intercalado, multivariable, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electrodólares, multidólares. Marcos, yenes, libras, francos y rublos. Es el sistema internacional monetario, que determina la totalidad de la vida en este planeta. Ése es el orden natural de las cosas de hoy día. Esa es la estructura atómica y subatómica y universal que configura las cosas de hoy día. ¡¡Y usted se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza!! ¡¡Y usted debe repararlo!! ¿Me entiende usted, señor Beale? Usted aparece en su pequeña pantalla de 21 pulgadas y grita sobre América y la democracia. No existe América, no existe la democracia. Sólo existe IBM, AT&T, Dupont, Microsoft y Exxon. Esas son las naciones del mundo hoy día. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale. El mundo es un colegio de corporaciones, inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose del barro. Y nuestros hijos vivirán, señor Beale, para ver eso. Un mundo perfecto en el que no habrá guerras ni hambre, opresión ni brutalidad. Una vasta y ecuménica compañía asociada en la que todos los hombres trabajarán para servir a un beneficio común. En la que todos los hombres poseerán una cantidad de acciones. En la que se cubrirán todas las necesidades. Se les moderarán todas las ansiedades y les divertirán para que no se aburran. Y le he elegido a usted, señor Beale, pare predicar este Evangelio.

HOWARD BEALE: ¿Y por qué a mí?

ARTHUR JENSEN: Porque sale usted en televisión. 60 millones de personas le ven cada noche de la semana de lunes a viernes.

HOWARD BEALE: He… he visto el rostro de Dios. ARTHUR JENSEN: Puede que tenga usted razón.

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Arthur Jensen es Dios (el director de la cadena) y Howard Beale es el profeta (el presentador de televisión)

Como podemos observar, se trata de un discurso cosmológico, teatral, político, económico, antropológico…El discurso de Jensen es muy tan convincente, y semejante, como el de Beale en su programa televisión (página 20). Es un espectáculo de luces que se utiliza para decir “la verdad”. Es interesante reflexionar acerca de un guión cinematográfico tan basado en las palabras como es Network y creo que es debido a que Chayefsky pone el foco exclusivamente, en toda la película, en los discursos que hay detrás del “juego de luces”.

Jensen convence a Beale, aprovechando su tirón como profeta y rey de la televisión, de que transforme su discurso hacía un camino más “provechoso” para la cadena. Beale lanza un discurso en televisión, a los cuatro vientos, en el que afirma que la UBS será adquirida por un conglomerado de corporaciones de origen árabe. El discurso de Beale es agresivo y es certero, cosa que molesta al señor Jensen y, en definitiva, a toda la UBS. Es decir, Howard Beale debe modificar su discurso y ser censurado. No es por ello casualidad que la escena del discurso cosmológico de Jensen se celebre en una sala de juntas, pues es ahí donde, en relación al discurso de la película, se dirige el mundo empresarial y, por tanto, todo el planeta. En su discurso, Jensen, dice que la democracia y las ideologías son una farsa, un entretenimiento para tapar la auténtica verdad: “El mundo es un negocio”. Esta escena nos hace darnos cuenta, no solo del poder de la televisión, sino del poder de convicción y censura que tiene (al mismo tiempo). Por ello, al acabar la reunión con Jensen, Beale cambia su discurso y se cierne en las teorías económicas de Jensen y empieza a hablar de temas deprimentes, de existencialismo y cualidades deshumanizadas propias del ser humano posmoderno. Esto provoca que su índice de audiencia descienda y, finalmente, su posterior asesinato en directo. Esto provoca tensión tanto en la UBS como en la relación sentimental de Diana Christensen con el mejor amigo de Beale, Max Schumacher (William Holden). Ahora es el momento de centrarnos en las audiencias y en el ambicioso personaje de Diane Christensen.

LAS AUDIENCIAS: GUERRA, TIRANÍA, COMPETITIVIDAD Y TELEBASURA.

Diana Christensen es una productora más de la cadena con un sinfín de diferencias con el resto de productores o ejecutivos de cualquier cadena: Es una visionaria. Ella entiende en qué mundo vive, qué desea la gente, qué necesita…comprende los complejos mecanismos del nuevo ser humano posmoderno. Ella quiere acudir a los anhelos y esperanzas frustradas de los ciudadanos americanos para ofrecerles contracultura, acción, violencia… en definitiva, espectáculo que genere audiencia. Diana es expuesta por Chayefsky como el aspecto negativo de la televisión y como el origen de la telebasura. Resulta inquietante hasta qué punto Network es visionaria, pues habla del origen de un mundo corporativo, competitivo y circense, habla de las nuevas guerras, aquellas que se dan entre empresas sin bajas humanas. Como dice Howard Beale al pregonar su palabra, la gente está “más que harta”…y Diana lo sabe.

En una escena cercana al principio de la película (minuto 24), Diana lee un periódico y comenta las noticias a sus trabajadores: “¿Sabes Bárbara? Los árabes han decidido aumentar otra vez el precio del petróleo en un 20 por ciento, la CIA ha sido sorprendida por el senado en un asunto de violación de correspondencia, hay guerra civil en Angola, en Beirut, la ciudad de Nueva York se enfrenta a la bancarrota, han detenido a Patricia Hearst…y la primera plana solo habla de que han despedido a Howard Beale.” Como afirmó Bourdieu (1997: 36): “Impera en la actualidad, una “mentalidad de índices de audiencia” en las salas de redacción, en las editoriales, etc. En todas partes se piensa en términos de éxito comercial” En este sentido, Network no solo habla del mundo de la televisión, sino de una jungla empresarial que se está haciendo con nuestro planeta, de una nueva religión basada en el hedonismo, en el entretenimiento, en el placer, en la evasión, en el narcisismo del público. Diana reafirma con pasión y entusiasmo constantemente que quiere programas fuertes y no convencionales. Todo ello nace de su enamoramiento al ver un vídeo, suministrado por un periodista de la cadena, en el que se muestra un atraco real a un banco por parte de una organización terrorista. Bajo la promesa de obtener más vídeos de terroristas ejerciendo su labor violenta, Diana queda prendada de todo aquello que, siguiendo su instinto, podría despertar el interés de la gente.

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Ella es consciente de que la gente americana está desmoralizada, deprimida, con miedo…y esa es la tecla que ella quiere pulsar para obtener audiencia y millones de dólares. Howard Beale es un espectáculo que moviliza a la masa (escena de los telegramas a la White house) o la salida masiva de la gente a gritar desde sus ventanas) y genera, como diría Christensen, “un clima de ira popular”. Es decir, solo generando ira, puede lograrse la movilización de la gente a consumir una noticia, un programa, una serie, una película, una idea. Así es, Network es una película sobre el origen del imperio del odio televisivo. A fin de cuentas, los discursos sobre cultura, política, sociedad, economía…no son tan importantes en contenido como en el hecho de que son “despertadores de emociones”. Es decir, lo importante no es el discurso, sino hacer sentir viva a la gente, despertarles emociones…y ese es, como dice Diana en la película, “el filón”.

En una escena cercana al final, Max Schumacher, al romper con Diana, le cuenta su opinión sobre ella de una forma cruel y un tanto melodramática:

“Eres el aspecto negativo de la televisión: eres indiferente al sufrimiento, insensible a la alegría…La vida para ti se reduce a cosas triviales… Guerra, asesinato, muerte: Todo esto para ti no significa nada. La vida cotidiana para ti es una comedia corrupta. Incluso troceas la sensación del tiempo, del espacio…y los conviertes en segundos y replicas instantáneas. Tú eres la locura, Diana. Una locura virulenta, todo cuanto tocas muere contigo…Pero yo no, no mientras pueda sentir el dolor, el placer y el amor (…) Música en crescendo, aparece el “Fin” de los títulos de crédito. Ahora podrán ver el trailer de nuestro próximo programa”

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Diana Christensen representa el “lado negativo de la televisión”

Esta pequeño monólogo de ruptura pretender ser la toma de conciencia de Diana con el mundo real ¿El motivo? Le están haciendo daño. Diana solo entiende el dolor en forma de audiencias pero ¿tiene una vida real su personaje? La respuesta es no. Su neurosis obsesiva le lleva a pensar en la televisión, en audiencias o en programas mientras en la cama manteniendo relaciones sexuales. Es incapaz de distraerse, de sentir ninguna emoción humana; todo lo que sabe del mundo y de la vida lo ha visto por la televisión, vive por y exclusivamente para ella. Su obsesión, completamente insana, con el trabajo la lleva a olvidarse de ella misma y de los que están a su alrededor ¿Quién es Diana Christensen? ¿La asesina de Howard Beale, la amante de su mejor amigo, la que lleva a la UBS a las estrellas? ¿Hay algo de realidad en ella? Ella solo se encarga de inventarla y quizá, Chayefsky, nos hable del precio a pagar por inventar realidades: Olvidar la realidad y vivir en la hiperrealidad.

“¡ESTOY MÁS QUE HARTO Y NO PIENSO SEGUIR SOPORTÁNDOLO!”: UNA TORMENTA DE IRA Y POPULISMO.

En la, probablemente, escena más mítica de Network, Howard Beale da un discurso (minuto 53:18), que por supuesto agrada a Diana, en el que moviliza a las masas a salir a la calle o a las ventanas a gritar: “¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!” Esta escena supone el inicio del populismo de Howard Beale. La reacción de la gente al oírle es más propia de automatismos irracionales y autoritarios que la de una masa descontenta que da una respuesta indignada frente a las injusticias de este tiempo. Si recordamos que Diana Christensen afirmó escenas atrás que querías generar un “clima de ira popular”, la tormenta de esta escena nos habla de manera nada sutil del asunto. A raíz de aquí, Howard Beale se convierte en el profeta de América. Solo cuando empieza a pregonar datos deshumanizados y depresivos, tras la reunión con Jensen (analizada en el punto 6.3), es cuando baja su popularidad.

Llegados a este punto y conocida la historia de Howard Beale y Diana Christensen, cabe preguntarse si la depresión, la tristeza o el miedo es el estado natural de América y, si es así, comprender que la televisión podría ser esa amiga fiel, esa compañera que llenará de ira e indignación las tristes vidas de sus ciudadanos. Pero nunca desde un criterio crítico, progresista o real, sino desde un criterio puramente catártico, espectacular y vicioso. Al fin y al cabo, la ira es la respuesta de la gente frustrada y la televisión (que está en casi todos los hogares) es una buena suministradora de ello.

“El tormento, un tema canónico en el arte, a menudo se manifiesta en la pintura como espectáculo, algo que otras personas miran (o ignoran). Lo cual implica: no, no puede evitarse; y la amalgama de observadores desatentos y atentos realza este hecho.” (SUSAN SONTAG, 2003: 42)

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“El televisor es el evangelio”

El tormento, como diría Susan Sontang, es y ha sido durante toda nuestra historia un espectáculo. Sontag reflexiona en la cita anterior a este párrafo sobre un hecho que probablemente no sea únicamente de nuestro tiempo, el espectáculo del dolor. Miremos o no miremos, es innegable que la historia del arte nos ha dejado muchísimas muestras en forma de esculturas, cuadros, músicas…que corroboran que el ser humano hace del dolor, un espectáculo. Podría apreciarse que Network sería algo así como el origen de la falta de ética o conciencia en la representación del dolor. O, si se prefiere, el origen de una época en el que el discurso artístico es irrelevante frente a la estética de la obra en sí. Es decir, da igual lo que diga Howard Beale por televisión, lo que importa es que la gente sienta emociones al oírle. De esta forma, el populismo, la telebasura y la manipulación mediática aparecen en televisión (y es para quedarse). El mundo posmoderno no se mueve por la razón, sino por el espectáculo y el dinero ¿Y qué mayor espectáculo que el sufrimiento? ¿Qué espectáculo genera más ingresos? Por eso la gente sale a la calle a gritar tras oír a Beale en televisión y por eso Diana quiere videos de terrorismo en las noticias. Network habla de un mundo que estalla como una tormenta de ira, una tormenta nacida de las entrañas y no del raciocinio. Una tormenta televisiva.

 

La desesperación inicial del personaje de Beale al perder su trabajo (su tormento) fue el detonante de un intento de suicidio. Un intento de suicidio que lo llevó a ser un títere de los accionistas y productores de la UBS, un intento de suicidio que, sin llegar a consumarse, le convirtió, igualmente, en un hombre asesinado. Howard Beale es asesinado por ir en contra de los intereses de la cadena televisiva para la que trabaja a manos de unos sicarios contratados por los líderes de la cadena (a espaldas del todopoderoso señor Jensen) Al morir Howard Beale, sin llegar a abrir la boca y anunciar su discurso, tiroteado en todas las partes de su cuerpo y asesinado en directo, vemos las pantallas de un control de realización; dichas pantallas muestran anuncios publicitarios al tiempo que vemos morir a Beale varias veces de forma ininterrumpida. Los anuncios acaban posicionándose frente a su terrible asesinato a sangre fría. El asesinato de Howard Beale es un cuento violento más que no le importa a nadie, se confunde entre la cantidad de violencia y anuncios a la que los espectadores se han acostumbrado al final.

El ser humano posmoderno ya no distingue si un crimen es real o falso ya que la gente solo ve el simulacro de un crimen pero no un crimen real. Y aunque la gente quisiera percibir la realidad, esto no es posible en mundo dominado por los simulacros. Todo es verdad y no verdad al mismo tiempo. Por ejemplo, si estamos en una sala de cine viendo una escena bélica oyendo 10 tiros por segundo durante dos horas ¿Cómo podríamos distinguir un disparo que sucediera de forma real en nuestra sala?. O si estuviéramos en la calle en una celebración en la que se tiran muchos petardos ¿Cómo distinguiríamos un disparo real en un mar de petardos? Si alguien muriera en dicha sala de cine o en dicha calle, nadie podría percibir el sonido de un disparo real, debido a que se confundirían con aquello que no es un disparo real. Y esa imposibilidad de distinguir el sonido real de un petardo o el de un disparo es de lo que habla el final de Network. ¿Cómo podemos saber que Howard Beale ha sido asesinado realmente si toda la violencia y espectáculo que tiene la televisión ahoga el sonido de las balas que atraviesan su cabeza? Aquí no se habla solo de hiperrealidad, sino de insensibilización ante el dolor ajeno. La historia de Network se convierte así en una tragedia, en una crítica negra y satírica sobre nuestro tiempo, sobre el papel de los espectadores, el de los creadores y, no menos importante, el papel de la vida real en un mundo hiperreal.

“Esta es la historia de Howard Beale: La historia del primer hombre que fue asesinado al descender su índice de popularidad”, concluye el narrador de la película en el epílogo. Chayefsky afirma que Beale es el primer asesinado, luego ¿Cuantos crímenes están por venir? El tiempo lo dirá, aunque para entonces, nos darán igual.