Crítica de Los increíbles 2: Neoliberalismo y negacionismo.

Me hacía mucha ilusión regresar al universo de ‘Los increíbles’ (película que vi antes de llegar a sexto de primaria y que vivi como un niño) pero el regreso ha sido harto decepcionante. No es culpa de la capacidad para las innovaciones técnicas, así como el ingenio, de la Pixar para con el entretenimiento del espectador. No es el apellido el que falla, una vez más es el nombre: Disney. Empresa que se empeña en atontar al espectador con un mensaje adaptado a los tiempos en un contexto de ingenuidad y complacencia (todo esto en cuanto a la película que vemos los adultos) Es decir, un cine divertido, entretenido, evasivo y complaciente (cosa que no tiene nada de malo si lo pensamos bien si es que ese el fin en sí mismo de la película) pero que incluye temas de rigurosa actualidad y se niega a debatir o a profundizar en ellos (Como puede apreciarse en películas como ‘Zootropolis’, ‘Frozen’ o la reciente ‘Buscando a Dory’). Brad Bird (el gran guionista y director de ‘El gigante de hierro’, ‘Los increíbles’ y ‘Ratatouille’), quien tiene una gran habilidad para crear grandes personajes e historias sin renunciar a la calidad y al entretenimiento, parece haber sido atracado por una Disney que esperaba realizar, y que ha logrado, “el éxito del verano”. Y es que ‘Los increíbles 2’ solo puede ser un éxito de taquilla, lo demás es formula y no lanzarse a la piscina temática pese a la diversidad de temas que salpica constantemente la película. La película es en sí misma negacionista, impotente, castrada y silenciada.

Elastigirl: La superheroína de la película.

Temas como el movimiento metoo, el adoctrinamiento político y social, la dominación de la pantalla o los roles familiares (temas de rigurosa actualidad y ambición para tratar en una película) son pintados con una ligera brocha sin llegar nunca a profundizar en un debate (que en varias escenas como en la cena en el motel al principio de la película o en el despacho de la empresa de telecomunicaciones con diversos superhéroes, se podría haber dado) que se empeña en huir de sí mismo para desembocar en una aventura evasiva en la que prima el entretenimiento y el mensaje complaciente, y algo ingenuo, que transmite la película al final de la misma. No discuto la idoneidad de aceptar o no la propaganda neoliberalista en sus películas (es Disney, no se podía esperar menos), sino la capacidad negacionista de la propuesta en la que las empresas de telecomunicación y los políticos son mostrados como seres puros que harán lo más ético y responsable para el pueblo llano (aquellos que no somos ni superhéroes ni políticos o, directamente, no salimos por la tele).

Bob Parr (Mr. Increíble) se ve obligado, para volver a ser reconocido legalmente como superhéroe, a cuidar de los niños mientras su mujer se encarga de encabezar una campaña publicitaria para demostrar a la ciudadanía que los héroes son eso, héroes, y no villanos como creen todos (la película hace hincapié en la manipulación de los medios casi constantemente). Bob aprenderá a ser buen padre mientras Elastigirl patea culos de villanos en otra ciudad. Paralelamente, un villano que se denomina a sí mismo como “Raptapantallas” secuestra la conciencia de todo aquel que se asome a un monitor para poder torcer su voluntad y obtener el beneficio propio de un dictador. El método es el hipnotismo. Por una vez, y sin que sirva de precedentes, el villano pretende acabar con los superhéroes porqué hacen a la ciudadanía lo mismo que la tele: Hacerles pasivos ante los problemas personales o globales. Por ello, “Raptapantallas” usa el poder hipnótico de las pantallas para acabar con los superhéroes con el fin de hacer más “heroica” a la ciudadanía antes que devolverles la seguridad y pasividad que, según este villano, le ofrecen los superhéroes. Los métodos de “Raptapantallas” es lo que hace más discutible su discurso pero lo que está claro es que la masa ciudadana es mostrada en ‘Los increíbles 2’ como una masa homogénica, manipulada e idiota (a la que el programa de telecomunicaciones trata de manipular con la propaganda de Elastigirl)

El villano: Raptapantallas.

La película pretende decir, o eso quiero entender, que debemos dejar los medios en manos de “los buenos” para así acabar con los “malos”. Los malos, como pudiera parecer en un principio ‘Los increíbles 2’, no son los políticos, el malo es aquel que usa la pantalla para hipnotizar, no para el bien. Una vez más: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. La cuestión es que, sin entrar a debatir la ingenuidad de la propuesta de la Disney, ‘Los increíbles 2’ no relaciona al político o al medio de comunicación con el que hipnotiza para manipular…sino que los separa al final. Entiende que “rajar” de los políticos, los medios o el sistema en sí mismo queda algo alejado de la realidad que Disney pretende fomentar (no hay más que ver la reacción de Dash, el hijo mediano de los Parr, al entrar en una gran mansión de lujo con piscina y alta tecnología) La película nos deja preguntándonos por la verdadera identidad del superhéroe y por cuanto tiempo, el héroe, decidirá permanecer en la sombra aguantando, a la par que frustrándose, al ver como arde el mundo.  ¿Es el héroe el que lleva un traje o el que usa los medios de comunicación para el bien? Los medios son elevados a la categoría de “héroes” al final de ‘Los increíbles 2’. Los problemas no se resuelven en la calle sino en un estudio de televisión o en casa contemplándola. Esa es la única verdad que refleja la película. Por desgracia, Raptapantallas (Llamémosla Disney) se empeña en hipnotizarnos.

Por otro lado, ‘Los increíbles 2’ goza del suficiente ingenio como para entretener durante sus cortas dos horas. Eso sí, no esperen grandes revelaciones o sorpresas pues todo camina por el terreno de la fórmula con el seguro bien puesto. El uso de temas controvertidos de la sociedad actual son puestos al servicio del entretenimiento y no del debate o la reflexión. Finalmente, ‘Los increíbles 2’ habla mucho pero no habla de nada; una película pasiva destinada a ser un producto perecedero. Pese a ello, los padres que buscan reírse con los niños en la sala lograrán su objetivo ya que la “trama” familiar es bastante más eficaz que la mirada cinematográfica o política que pueda tener la película. Las escenas de Bob Parr con los niños reflejan una realidad tan cómica como realista. Pero nada más.