‘Battle royale’: Sangre, melodrama y absurdo.

Son varias las voces que han popularizado la película ‘Battle royale’ (Kinji Fukasaku) en los últimos años; especialmente la del director americano Quentin Tarantino que ha repetido en más de una ocasión que es su película favorita. Entre otras cosas, se la considera la película precursora (al menos en la práctica) de la paupérrima saga juvenil de “Los juegos del hambre”. ‘Battle royale’ es una película japonesa del 2000, considerada film de culto por una larga lista de fans que admiran la película. La trama funciona como una distopía en la que, a principios del nuevo milenio, una clase de alumnos, elegida al azar de todas las aulas del país, es secuestrada y trasladada a una isla desierta en la que, durante tres días, jugarán a “Battle royale”. BR (a partir de aquí utilizaremos estas siglas que también se usan en la película) es un “juego” en el que los 60 alumnos de la clase seleccionada deberán matarse entre ellos a lo largo de tres días hasta que solo quede uno. El responsable del juego es un profesor que en su día fue maltratado por sus alumnos y que, ahora, parece el más indicado para vengarse de ellos con el juego. El juego se lleva a cabo como arma represora contra la juventud desbandada que vive en constante “manifestación” o en paro. La violencia y la pobreza inundan el país y la solución del gobierno es la política del miedo: Battle royale. Un juego en el que solo sobrevive el más fuerte, un juego en el que no hay amistad ni noviazgo, solo supervivencia.

La película comienza con la obertura del réquiem de Giuseppe Verdi (que Tarantino usaría en la escena del Ku Kux Klan en Django desencadenado sin duda como homenaje) señalando desde el principio la espectacularización de la propuesta y, por supuesto, para anticipar muchas muertes. Battle royale es, en el peor de los sentidos, un sinfín de pornografía violenta, melodramática y pomposa (rozando en bastantes situaciones la cursilería y en otras el sadismo). No es el sinfín de sangre, tiros, lloriqueos, uso de armas blancas, esa aparente parodia de la humanidad y de su instinto de supervivencia tan relamido e idiota…Es la última frase de la película: “Corre, sigue adelante, siempre adelante. No importa sino sabes adonde…¡Corre!” De esta manera, la película trata de mandar un mensaje al espectador (por el que han muerto 57 personajes) que funciona como una fábula, presuntamente, “optimista”. Battle royale vendría a decirnos que, pese al caos que se avecina en el nuevo milenio, la única victoria será para los que se amen y no se ametrallen entre ellos. El juego lo gana una pareja de enamorados que llevan colaborando entre ellos desde el principio del juego en lugar de matarse como se les ha dicho (los solteros o humanos con complejos no merecen vivir…)

La bondad y el amor, representada como una de las alumnas, en medio del caos.

El estado es visto como un represor y asesino de los ciudadanos; probablemente como el anticristo ya que es el creador del BR. El profesor, el estado, que tiene miedo de sus alumnos, el pueblo, decide impartir el miedo con ellos: BR. Los adultos odian a los jóvenes y los jóvenes a los adultos. Los adultos encierran a los jóvenes en una isla desierta para matarse (como una reforma educativa radical debido a que los adultos tienen miedo de la juventud y deciden contraatacar) y el noventa y cinco por ciento de ellos se asesinan de mil formas posibles (las armas que se entregan a los concursantes, todas al azar, van desde una ballesta a un prismático). Los jóvenes, los más hippies de todos claro, sobreviven al BR, al gobierno, a su profesor y aprenden a vivir de manera clandestina en la ciudad. El personaje del profesor que secuestra a su clase resulta ser el pintor de un cuadro (imagen superior a este párrafo) en el que coloca a la alumna más buena y pura de su clase en el centro de la violencia manteniéndose firme y “buena”. La chica ganadora es algo así como la “elegida” (y las que sean como ella en el caótico mundo exterior) para representar a la bondad y el amor frente el poder de un mundo abogado a la destrucción y obsesionado con la violencia. No hay mucho más que hablar de una película tan cursi, incoherente, hipócrita (critica la violencia y la explota con música clásica y espectáculo sangriento) y sentimental en el que vemos asesinatos prácticamente cada minuto desde su extraño prólogo (quizá lo mejor de la película ya que luego decae sin remedio al profundo pozo del absurdo y la parodia) hasta los extraños abrazos que se dan entre la misantropía y la filantropía (ganando el “bien”, la filantropía, por supuesto) en el guión. Lógicamente, la película opta por un final optimista y esperanzador ante la oleada de violencia que endurece la pantalla.

Hablando claro, la película no hay por donde cogerla; es pornografía emocional con un mensaje presuntamente esperanzador en el que el director opta por ser romántico y violento a partes iguales. La intensidad del rojo, la intensidad de la sangre y del amor, se utiliza de manera melodramática, espectacular (en el peor de los sentidos) e insensibilizadora ya que ver un asesinato en Battle royale se convierte en algo tan habitual como tomarte un café por la mañana. Verla hasta el final es como cenar plutonio.

El profesor, el estado, que tiene miedo de sus alumnos, el pueblo, decide impartir el miedo con ellos: BR.

Igualmente cabría preguntarse la gratuidad de que el gobierno decida que los personajes se maten entre ellos en vez de matarlos directamente ¿Qué pretenden? ¿Que se quede en sociedad el más psicópata? ¿Pero no se supone que buscaban lo contrario? Una lamentable y fallida película que utiliza al ser humano como una cruel metáfora, como moneda de cambio, del espectáculo que la industria del cine pretende alimentar de manera absurda. Violencia insensibilizadora carente de la más mínima inteligencia. Ah, lo peor de todo es que tiene cero sentido del humor.