‘Amadeus’: Réquiem para uno mismo (o el asesinato del padre y la envidia)


El recién fallecido Milos Forman (1932-2018), nació en Checoslovaquia. Tras la muerte de sus padres en campos de concentración nazis, quedó a cargo de sus parientes. Era un asiduo espectador de teatro, de las comedias de Chaplin y Keaton y de los westerns de John Ford. Cuando alcanzó la mayoría de edad estudió en la Escuela de cine de la universidad de Praga; más tarde acabó dando clases de cine en la Universidad de Columbia, en Estados unidos, y fue entonces cuando empezó su carrera, tras unas pocas películas checas sin importancia. Su primera película importante fue ‘Juventud sin esperanza’ (1971), película co-escrita por el habitual de Buñuel, Jean-Claude Carrière, y el propio Forman. La película ganó el gran premio del jurado en Cannes. Años después, en 1975, estrenaría una de sus dos películas más famosas junto a ‘Amadeus’, ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, película que obtuvo cuatro premios Oscars incluyendo mejor película y dirección, así como cinco Globos de oro. En 1984 estrenó ‘Amadeus’, película que le condujo al absoluto éxito internacional llegando a ganar ocho premios Oscar, incluyendo mejor película, dirección, actor y guión adaptado junto a cuatro Globos de oro.

Oímos la obertura de ‘Don Giovanni’, luego un grito desesperado: “¡Mozart!”. Estamos en Viena, siglo XVIII. Un anciano Antonio Salieri se ha cortado las venas en su caserón vienés con una navaja de afeitar. Es trasladado a un psiquiátrico. Allí se dispone a confesar su crimen a un bienintencionado sacerdote (Richard Frank). Salieri, el loco, o quizá trastornado por la culpa, dice haber matado a su amigo Wolfgang Amadeus Mozart (Tom Hulce), el mejor músico de todos los tiempos. Todo parecido con la realidad es pura coincidencia, pues la historia es narrada desde la visión de un trastornado.

Salieri, atormentado por la culpa, intenta suicidarse al principio de la película.

¿Quién es el asesino de Mozart?, ¿Qué hay de verdad en los desvaríos de Salieri?, ¿Qué circunstancias rodearon la prematura muerte del joven genio? Esas son algunas de las preguntas que se hace Shaffer en ‘Amadeus’. Respuestas que se dan de forma nada concreta, pues a Mozart lo mataron muchas cosas: las deudas económicas, su adicción al alcohol, su propio padre (Roy Dotrice), su locura…Pocos seres humanos ayudaron a esta estrafalaria representación de Mozart, pues la única ayuda que recibió fue de su joven esposa, y madre de su hijo, Constance Mozart (Elizabeth Berridge), quien tampoco pudo hacer mucho más por él. Mozart se sumaría así a la lista de grandes genios que murieron pobres o en una situación de indignidad como serían los posteriores Oscar Wilde o Vincent Van Gogh. La película esquiva algunos detalles importantes de la vida de Mozart como lo fueron la muerte de su hermana pequeña o su anterior relación sentimental, fracasos emocionales que dejaron un triste poso en el corazón del genio. La película prefiere explorar la relación con dos personajes de la vida de Mozart: Su padre, Leopold Mozart y Antonio Salieri. Por ello, será mejor ir por partes, pues la película explora la relación de Mozart con los dos citados anteriormente, su esposa y la corte del emperador Jose II de Austria.

Leopold Mozart y Antonio Salieri: Dos caras de una misma moneda.

Arriba y abajo respectivamente: Leopold y Salieri, las dos caras de la moneda del crimen.

La escena del juego de las máscaras en la que Mozart trata de ser grato con su padre, y demostrarle que le van bien las cosas, es cuando su padre, Leopold, demostra que es un hombre de temperamento feroz, incapaz de disfrutar de la vida o simplemente de sentir alegría. Pero sobre todo es un hombre incapaz de alegrarse por su hijo. Un hombre que ha dedicado cada minuto de su vida en inculcar a Mozart, desde muy temprana edad, valores estrictos como la responsabilidad, el trabajo duro y el desprecio por los placeres de la vida o la juventud. Así, sin descanso, sin alegría y con miedo. Mucho miedo. La figura del padre le observa en el salón de su casa, tomando la forma de un retrato, contemplando y juzgando al joven Mozart a quien le encanta entregarse a los vicios (prostitución, alcohol y fiestas). Mozart vive con un miedo tremendo a su padre, quien parece un demonio vestido de negro en muchas escenas y quien es presentado constantemente, en la película, con la obertura de Don Giovanni (1787), obra en la que el personaje de la malvada estatua del comendador (según Salieri en la película, Mozart se basó en la muerte de su padre para dicho personaje) vuelve del mundo de los muertos para arrastrar a Giovanni a la muerte como penitencia por sus muchos vicios. El comendador es Leopold juzgando a su hijo, Mozart, por sus continuas diversiones y está tan enfadado que está dispuesto a viajar del mundo de los muertos para matarlo. De este modo, Shaffer explica como la locura de Mozart viene a raíz de una tremenda depresión que sufrió por el ser que más amaba y odiaba, su padre.

Por otro lado, Salieri, quien pretende matar a Mozart a base de sobreexplotarlo escribiendo música (Mozart murió sin acabar el réquiem, por lo que es interesante utilizar el réquiem como una misa fúnebre para sí mismo, pues fue esa música la que, en cierto modo, lo mató). Este hecho sumado a la depresión por la muerte de su padre, las deudas económicas que le hacía temer por el futuro de su mujer y su hijo, sus adicciones…Mozart enfermó y murió. Salieri decidió hacerse pasar por el fantasma del padre de Mozart usando la máscara que uso su padre en la fiesta ya mencionada (clara referencia al comendador de Don Giovanni), quien, al igual que hacía su padre en vida, le obligaba a escribir música y Mozart, como buen niño traumatizado y amaestrado, ignoró otros encargos alejados de la corte (La flauta mágica, probablamente su obra más famosa, no se estrenó en la corte de Viena, sino en un teatro más humilde) que sí traían dinero a casa. De este modo, la obra que imaginó en memoria de su padre se hacía realidad: Mozart abre la puerta de su casa y recibe al fantasma de su padre (que es en realidad Salieri disfrazado) y él se da cuenta de que su padre ha venido a llevarle con él. Mozart entra entonces en un estado de locura absoluto en el que Salieri y el miedo a su padre desarman su cordura hasta llevarlo a la muerte. El réquiem se convierte así en una crónica de una muerte anunciada para sí mismo.

Un anciano, y perturbado, Salieri rememorando su “crimen”.

Salieri, el anciano, le cuenta al sacerdote que él debía procurar la muerte de Mozart para así robarle el réquiem a su cadáver como una venganza contra el mismo Dios. De hecho, en mitad de la película vemos que Salieri compone una ópera triunfal que encandila a la corte de Viena y él solo espera recibir halagos de Mozart. Salieri no es un personaje, en esta ficción al menos, que le falte orgullo o autoestima, de hecho la carencia de ambas cualidadesle viene a raíz de descubrir que Mozart, a quien admiraba desde que era un niño, el genio con el mayor don que él ansiaba, es un joven que se mete bajo las mesas a comer pasteles sobre el pecho de una mujer (que más tarde sería su esposa). Mientras Salieri trabajaba muchísimo y regalaba su castidad y el disfrute de su propia vida a Dios, a Mozart le viene toda la gracia sin dar nada a cambio. Salieri es un hombre orgulloso, pretencioso y envidioso que no soporta el éxito de Mozart pero hay algo que detesta aún más: Mozart no es como esperaba y, mucho menos, le aprecia.

Llegados a este punto ¿Qué o quién mató a Mozart? ¿Salieri o Leopold? ¿El miedo a su padre o a la pobreza? ¿La locura que todo ello propició en él? Probablemente un compendio de todo. La vida de Mozart no fue fácil. Fue un genio, sí, pero también un ser humano torturado. La película se mueve en el terreno de la tragicomedia. Forman narra la historia de ascenso y caída del joven Mozart propiciada por él mismo y por un envidioso Antonio Salieri. Mientras, una puesta en escena barroca y un montaje rítmico se adueñan del paisaje representacional moviéndose a medio camino entre los teatros de la corte y la más absoluta denigración moral en prostíbulos o en los bajos fondos de Viena. El trabajo de recreación artística en fotografía, vestuario, maquillaje o peluquería es portentoso, dando lugar a sus ocho premios oscars y reconocimientos por parte de la academia de Hollywood y, en general, por todo el mundo del cine. Una pieza importante del cine posmoderno americano y, Forman, un importante autor del movimiento del Nuevo Hollywood (1975-actualidad). ‘Amadeus’ tiene innegables rasgos del cine posmoderno (final abierto, montaje que se hace presente, híbrido referencial…) y fue recibida de forma muy positiva tanto en crítica como en público. Una elegante, digámoslo, obra maestra.