‘El havre’: El optimismo en tiempos del desencanto.

‘El havre’ es una comedia dramática de nacionalidad finlandesa, estrenada en 2011, escrita y dirigida por Aki Kaurismäki y con un reparto encabezado por André Wilms, Kati Outinen, Jean- Pierre Darroussin y Blondin Miguel. ‘El havre’ es una encantadora fábula, con aroma a cuento de hadas, sobre la situación del neoliberalismo con los más desfavorecidos. Está protagonizada por Marcel Marx (André Wilms), un escritor exiliado establecido en la ciudad de Le havre, Francia, donde trabaja de limpiabotas dejando atrás, de forma voluntaria, su pasado como escritor. Un día se cruza con un inmigrante africano y decide protegerlo del estado, especialmente de un policía al que se le ha encargado encontrar al niño.

Aki Kaurismäki es un prestigioso director de cine de autor finlandés interesado en temas sociales contemporáneos como la política, la inmigración, la pobreza, el racismo y la xenofobia. Empezó su carrera en 1983 con ‘Crimen y castigo’; en 1990 obtuvo una nominación a la mejor película en los premios del cine europeo con ‘La chica de la fabrica de cerillas’; en 1992 estrenó ‘La vida de la bohemia’,película que ganó los premios a mejor actor y mejor actor de reparto en los premios del cine europeo; en 1996 fue candidato, por primera vez, a la palma de oro en Cannes por ‘Nubes pasajeras’; en 2002 llegó su consagración definitiva con ‘Un hombre sin pasado’, película que fue nominada al oscar de mejor película extranjera y que obtuvo tres premios en el festival de Cannes, el FIPRESCI del festival de San Sebastián y siete nominaciones a los premios del cine europeo; en 2011 estrenó ‘El havre’, película con la que obtuvo el premio FIPRESCI del festival de Cannes y cuatro nominaciones a los premios del cine europeo y, por último, en 2017 estrenó ‘El otro lado de la esperanza’ con la que ganó el premio a la mejor dirección en el festival de Berlín.

Tras un comienzo en el que un niño inmigrante, perdido en su camino a Londres a encontrar a su madre, es perseguido por la policía de deportación francesa, el espectador puede caer fácilmente en presagiar un melodrama lleno de durísima crítica social y desesperanza (como cita la mujer de Marcel en una escena de la película: “En mi barrio, la suerte no existe”) en el que todo está destinado a salir mal. El estilo encantador y humorístico a la hora de tratar temas sociales está muy presente en la filmografía del director finlandés (como puede apreciarse en las maravillosas ‘El otro lado de la esperanza’ o ‘El hombre sin pasado’). Por tanto, no es de extrañar que ‘El havre’ resultará una propuesta tan simple como emotiva, tan optimista como esperanzadora. En respuesta a la, tan previsible como pesimista, respuesta que de esta película podía esperarse, en el que la mujer de Marcel habla sobre la suerte o el panadero del barrio de Marcel afirma sobre él: “No hay esperanza, está hundido…pero siempre pone buena cara”. Ahí es donde se encuentra el tema de la película, la esperanza y la forma de afrontarla o, en este caso, de encontrarla.

Marcel y un nuevo invitado en casa.

Marcel era un escritor al que no le llenaba dicha profesión al completo y decidió trabajar de limpiabotas por lo que fue fiel a sí mismo (cosa que los personajes de Kaurismäki suelen ser) y se dedicó a contactar con la gente tomándole el pulso a la calle y a la vida de esa manera al estilo de una fábula o, incluso, cuento de hadas (estética que rodea esta preciosa historia) Al principio de la historia, unos hombres vestidos de negros disparan a un hombre esposado a un maletín negro (claras referencias al cine negro que tanto le gusta a su director) y Marcel se va de allí corriendo temiendo que le carguen a él con el asesinato (que no tiene mayor relevancia en la trama más que para sentar las bases de la película) El director nos habla de hombres de negro (que será el personaje del policía durante toda la película como representación antagonista de Marcel y el niño) que tratan de hacerle la vida imposible a seres que ya, de por sí, no tienen ni han tenido suerte en toda su vida. Marcel tiene dos problemas: Por un lado, la enfermedad de su amada mujer y por otro proteger al joven africano de la deportación francesa. Es ahí donde el director afirma, con una seguridad inusual en estos tiempos, el significado y la utilidad de la verdadera esperanza. La esperanza y la lucha, en esta caso, salvan vidas y resuelven los problemas de Marcel.

‘Le havre’

Kaurismäki nos cuenta una historia con el corazón (sin olvidar por ello la inteligencia del público ni caer en la vulgar cursilería) en el que la esperanza y los finales felices no se regalan, sino que se trabajan con fe en que las cosas pueden salir bien. Kaurismäki no quiere pecar de autor pedante o pesimista como aquellos que siempre han ganado el prestigio y la gloria en el llamado “gran cine”, “cine trascendental” o, digámoslo sin miedo, “cine de autor” (al estilo de los sacralizados Robert Bresson o Michelagelo Antonioni). Siempre he creído en que las grandes historias se cuentan desde el criterio, la visión, el sentido común y, especialmente, el cariño (eso no significa que sea una historia agradable o complaciente ni mucho menos) y Kaurismäki es un director sin miedo a su voz y a su estilo personal. La puesta en escena está al servicio de un preciosismo que parece ilustrar las páginas de un cuento con encanto. Kaurismäki sabe que su historia es dura y difícil pero no quiere que nos sintamos acongojados ni deprimidos por ella. Si Marcel no lo hace ¿Por qué iba a hacerlo el espectador? Es ahí donde la limpieza de una puesta en escena colorida, con mucho aire en los planos, con unos diálogos artificiales en los que se deja espacio y tiempo al espectador para ser pensados y reflexionados sin, por ello, perder la ocasión de sentir la película. Haciendo, de este modo, un notable uso de su talento como contador de historias en el que la música, la ambientación humilde (al estilo de los propios personajes), el vestuario y la decoración se ponen al servicio de una denuncia social con una mirada optimista que roza, incluso por momentos, el realismo mágico (véase el milagro final que parece recordar a ‘Ordet’ por momentos) De hecho, el escritor ruso Dostoevsky tenía, como principal cualidad que lo hacía grande, el coger personajes humildes y convertirlos en protagonistas de grandes historias. Kaurismäki centra su mirada en los verdaderos héroes.

Policías y ladrones o seres humanos sin uniforme.

En un mundo posmoderno, mediatizado y sobreinformado en el que todos los telediarios, las relaciones personales y las aspiraciones son terribles o carentes de vitalidad, abocados al consumismo y a la simple queja y desahogo, Kaurismäki nos propone una mirada esperanzada que debe cambiar desde cada uno de los espectadores. Nos dice, como cualquier persona lógica afirmaría sin miedo, que no todo es tan malo ni tampoco tan bueno. Sus historias son como la vida misma (pese a la evidente plasticidad de la puesta en escena y artificialidad de los diálogos) pero siendo cine. La puesta en escena de sus películas las convierten de por sí en obras maestras a rasgos formales, pero la magia e inteligencia de su director lo convierte en puro cine; ese cine, que parece olvidado, destinado a cambiar las cosas. Una preciosa fábula sobre los olvidados del neoliberalismo y un canto a la esperanza en tiempos grises (por mucho que la esperanza no esté de moda).