‘Sacrificio’ de Andréi Tarkovsky: El agua que riega un mundo seco.

Escuchamos Erbarme dich mein gott (Apiádate de mí Dios mío) de Bach mientras vemos La adoración de los reyes magos de Da Vinci en los créditos iniciales de ‘Sacrificio’. Alexander (Erland Josephson) le cuenta a su hijo mudo una historia, inventada por el propio Tarkovsky, que narra como un monje que, regando un árbol seco cada día, logra que reviva. De eso trata ‘Sacrificio’, de una lucha entre la luz (el agua que da vida) y la oscuridad (la falta de espiritualidad del mundo contemporáneo, el árbol seco) como bien puede apreciarse en elementos naturales presentes en la película como son el agua, el fango o el fuego en esta, la última película de Andrei Tarkovsky. Dedicada al hijo del propio Tarkovsky con “esperanza y confianza”, Tarkovsky nos regala una película esperanzadora y desoladora a partes iguales; una lucha contra la angustia sin obviar su más cruento retrato. En vísperas de la tercera guerra mundial, con aviones acechando la zona en la que la familia de Alexander, un prestigioso crítico de arte, y dos amigos (un médico y un cartero) celebran el cumpleaños de Alexander, quien lamenta la falta de espiritualidad del mundo y, al ser consciente de lo cerca que está el fin de su vida (el agua derramada, los aviones que sobrevuelan la casa como unos halcones) empieza a angustiarse y a temer por el futuro del mundo (representado especialmente en su hijo, el futuro de la humanidad, quien ha de de seguir regando el árbol cuando él no esté) así como el suyo propio. Por ello, reza a Dios y le pide que le despoje de todo lo que posee (su casa, afectos y familia) con tal de que no llegue el fin del mundo: la muerte y la guerra.

Como un niño pequeño y asustado acude a casa de una de sus criadas, quien según el cartero es una bruja, a acostarse con ella para que se obre un milagro, la salvación de la humanidad (de ahí la milagrosa escena de la levitación). Una petición absurda, del mismo modo que la fe (“Creo porqué es absurdo”) Su sacrificio será liberarse de su intelecto, racionalidad y de todo lo material (la casa ardiendo) que posee para, de esta forma y de acuerdo al pacto con Dios, salvar al mundo enfermo de su déficit espiritual y de una catástrofe nuclear e inminente (reminiscencias a la guerra fría). Solo la idea absurda de que se pueden cambiar las cosas, junto a la esperanza y la fe salvarán el mundo (Esto no lo interpretaría como un postulado religioso porqué creo que la película escapa de un camino religioso concreto pese a sus referencias continuas). Maria, la bruja, tiene su casa llena de objetos religiosos de diversa clase. Al ver a Alexander con las manos sucias (pues se cayó de su bicicleta en el camino a su casa) le lava las manos (un claro bautismo), lo cual hace que Alexander se bautice en la fe y desaparezca de él la razón y aparezca el absurdo. Y con el absurdo es ahora capaz de comprender. Tras el sacrificio de sí mismo vuelve la luz eléctrica, el sonido, el teléfono…Alexander llama por teléfono y en la ciudad le esperan para dar una conferencia la próxima semana, como si nada hubiese cambiado. Sin embargo, él prometió a Dios despojarse de todo si se obraba este milagro por lo que debe sacrificar mediante el fuego purificador su vida anterior (es entonces cuando quema su casa que contenía todas sus posesiones y es encerrado en un sanatorio mental). El sacrificio de su razón, y su consecuente locura, es el acto individual que salva el mundo de la tercera guerra mundial.

Sacrificio 10
El padre, la voz; el hijo, mudo: El padre ayuda a su hijo a regar el árbol seco que es el mundo.

Es importante ver la diferencia entre Victor (el médico, amigo de Alexander) y el propio Alexander para entender la encrucijada y el dilema del sacrificio. Mientras Victor quiere abandonar todo para irse a Australia e ignora la “llamada” del sacrificio, Alexander no puede negarse. Victor dice “Estoy cansado de todos vosotros. Quiero irme a Australia”. Alexander se sacrifica para salvar a la humanidad. Él es el agua que riega el árbol seco en la fábula que le cuenta a su hijo al principio de la película. Todo acto individual influye ya que todos los dramas, los mismos repetidos en la historia una y otra vez, no son más que nuevos dramas con dilemas y sacrificios que ofrecernos como seres humanos por primera vez. De esta forma Tarkovsky destruye el tiempo y lo para todo en las decisiones presentes. Ahí radica la fuerza divina y espiritual de cada uno, en el sacrificio. El hijo de Alexander afirma después de regar el árbol seco, en el último plano de la película: “Primero fue el verbo ¿Por qué papá?” (preguntándose por cuál es el objeto que podría introducir sentido en el caos de la realidad) Y es entonces cuando la cámara asciende por el árbol seco y, este, se llena y funde de una luz resplandeciente. Alexander habla sobre Nietzsche, historia, filosofía y arte…pero no hace nada más que hablar. Es el drama de su enorme razón, que es inútil. La espiritualidad y la fe, algo absolutamente humano, se vuelven en sí dos armas más poderosas que las razonables palabras. No olvidemos que Alexander, profundo intelectual, empieza a rezar y a creer frente a la tragedia (la llegada de una guerra). De este modo, Tarkovsky nos lega una intensa y emocionante reflexión acerca del papel de la razón en un mundo absurdo…La razón no explicará nunca la fe o el placer. La lógica de la naturaleza y del ser humano, así como su belleza, es puramente irracional y solo eso, creer en milagros aunque estos no sean posibles, permitirá que el agua hidrate las raíces secas del alma del ser humano moderno.

Por supuesto, esta es mi humilde interpretación de la película ‘Sacrificio’ de Andrei Tarkovsky.

Lonely
El emocionante último plano de la obra de Tarkovsky.