Black Mirror

Black Mirror: ‘Heaven is a place on Earth’

A riesgo de repetir temática de artículos (el anterior trataba del piloto de la tercera temporada de esta maravillosa serie) me veo obligado a tratar y hablar de un tema que introspecciona el cuarto episodio de la nueva temporada de Black Mirror: San Junípero. Ese tema, aunque parezca mentira, es la infinitud del amor y de la vida a través de una muerte que resulta tan eterna como los game over de un juego de la play. En pocas palabras: el cielo, Dios y la vida eterna existen (o existirán): son la tecnología.

“Oh, el cielo es un lugar en la Tierra.
Dicen que en el cielo, el amor es lo primero.
Haremos del cielo un lugar en la Tierra.
Oh, el cielo es un lugar en la Tierra.
Cuando me siento sola,
te busco a ti
y tú me transportas al hogar.
Cuando estoy perdida en el mar
oigo tu voz,
y me lleva en volandas.
En este mundo, estamos empezando
a entender el milagro de la vida.
Amor, tenía miedo antes,
pero ya no lo tengo.”

Con esta canción de Belinda Carlisle titulada ‘Heaven is a place on Earth’ finaliza el episodio de Black Mirror. Brooker, guionista de la serie, explora algo más que la tecnología en esta tercera temporada tan polivalente (en el que destacan ‘La ciencia de matar’ y ‘San Junípero’ por encima de los demás pese a que ninguno decepciona) y se introduce en San Junípero (A PARTIR DE AQUÍ, SPOILER) que es el cielo, el paraíso, la eterna ciudad ochentera donde se baila, bebe y se mantienen relaciones sexuales como sino hubiera un mañana sin ningún prejuicio y con total libertinaje y, lo más importante, no se envejece nunca.

San Junípero es el Jardín de las Delicias de El Bosco aplicado a una sociedad, la nuestra, obsesionada con un pasado que siempre fue mejor. El personaje de Kelly en realidad huye de la desgracia que supuso perder al marido con el que vivió más de cuarenta años, y al que amaba con locura. La tesitura en la que nos encierra Brooker, sin saber nada de ello hasta el final del episodio, es decidir nosotros, como espectadores, si San Junípero es un cielo de mentira (que lo es) pero que merece la pena por “reproducir el fin de la misma muerte” tecnológicamente, o si San Junípero es una mentira que resulta un triste consuelo para aquellos que son incapaces de afrontar el destino de la tragedia humana. Vamos, algo así como una “marca Hacendado” de la vida. Una copia versionada y barata de la vida que no traerá verdad, solo virtualismos que acaben con nuestra tragedia humana: el ser conscientes de la propia muerte.

boscoLa tecnología reproduce el cielo y el fin de la propia muerte en San Junípero.

El extremo al que se aproxima Charlie Brooker es terrorífico y a la vez fascinantemente dulce pero, y esto es lo curioso, no resulta tan onírico como podría haber resultado esta historia hace quince o veinte años. La labor de Black Mirror es contar, según dice la propia descripción de la cuenta oficial de Twitter de la serie, “lo que te está pasando”. Es una serie que nos habla a la cara de un tema extremadamente contemporáneo y que logra que la suspensión de incredulidad pase de ser un `scifi ́ tecnológico a ser un futuro bastante creíble visto el panorama actual. Puede incluso que un presente.

San Junípero no se posiciona sobre si es mejor morir en la tumba o vivir en ese “matrix” tecnológico donde se vivirá siempre feliz en una discoteca de 1987 bailando, riendo y cantando. Brooker nos lo expone, bajo la dirección de Owen Harris, para que decidamos si elegiríamos la felicidad falsa a la trágica realidad. El mismo Broker afirmó en una entrevista: “Si los episodios siempre tuviesen un final triste lo cierto es que nos convertiremos en predecibles”. Ahora la cuestión es… ¿es el final del capítulo uno feliz? Hay risas, música, amor, vida eterna, luz, sol, una canción de Belinda Carlisle y una eternidad con la única exigencia de ser feliz …pero es todo mentira. La nostalgia del recuerdo, que siempre es mejor que el presente, y una dura reflexión acerca del amor eterno y la efímera existencia humana.

En realidad tiene mucho sentido la existencia de esta serie y, hoy en día, más que nunca. Pasadas las guerras, hambrunas y muchas enfermedades del siglo XX (incluyendo haber doblado nuestra longevidad vital) aparece un siglo XXI donde una hamburguesa tiene más posibilidades de matarnos que un atentado terrorista o una bacteria. No están superadas todas las cuestiones anteriores pero, en mi opinión, hoy en día cuesta imaginarnos el morirnos de hambre (¿A alguien se le ocurre, si quiera imaginar, lo que son dos días sin comer?). El problema del siglo XXI (no lo digo yo, lo dicen muchos historiadores que, al igual que Brooker, han reflexionado sobre el futuro que nos viene) es la búsqueda de la felicidad y vencer a la muerte. ¿Suena a ciencia ficción? A principios del siglo XX era impensable que alguien viviera hasta los setenta y ahora es así. Olvidamos que a lo largo de la historia de la humanidad muy pocos personajes han llegado a mayores (piensen en el claro caso de Mozart, que murió a los 35) y solo unos pocos como Galileo Galilei o Miguel Ángel lograron morir a edades muy, muy avanzadas. La guerra contra la muerte es inevitable en este siglo y en los venideros. Incluso hay una empresa de Google, esto es verídico, que su único objeto es “vencer a la muerte”.

Hay muchos posicionamientos morales y éticos sobre la vida sin muerte. Algunos nos duele sólo imaginarlo porque sabemos, más que nada, que eso no lo conoceremos nosotros, ciudadanos del S.XX y millenials. Pero quizás sí los del 2200, como defienden algunos expertos, como Yuval Noah Harari, escritor del brillante libro ‘Homo Deus: La historia del mañana’. Pensar en el mero hecho de que la muerte queda excluida de la vida, al menos durante un par de cientos de años, no solo supondría una total transformación del sistema familiar, del romanticismo o de la vida laboral; supondría una revolución mundial en la que la juventud, la exaltación a la vida y la felicidad serán los principales objetos de ese “super-humano” del futuro.

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‘San Junípero’ explora las fronteras no sólo de la vida eterna, sino también del amor eterno. El capítulo tiene un fuerte tono romántico que aspira a lograr algo más que la vida eterna sino el ¿con quién la comparto?. El personaje de Kelly quiere darse una última gran fiesta antes de desaparecer del todo: viajar a los ochenta, divertirse, desmadrarse en “el cielo”, en ese el jardín de las delicias que es la ciudad de San Junípero. El cielo y el infierno sólo existen mientras exista la muerte, eso es importante saberlo. Luego, si esto es así, ‘San Junípero’ defiende la idea del hombre como dios, el creador de su vida, su longevidad y, atención, de su propia muerte. El hombre decide si quiere morir o vivir en San Junípero. ¡Cuán aterrador resulta algo tan lógico como que somos responsables de nuestras propias decisiones! ¡Sin dioses, cielo, infierno… ni intermediarios!

¿Qué supondría morir cuando tienes la opción de no morir? ¿Pecar de insensato o de tonto? Probablemente ninguna de las dos cosas (es uno de los muchos aciertos del capítulo: no posicionarse). Enn el capítulo de Black Mirror, la supuesta “vida eterna” no es más que un programa de ordenador. Eso sería el futuro… pero hoy, ¿no asusta, en cierto modo, pensar que seríamos un programa diseñado? ¿no nos arrebataría aquello nuestra dignidad como seres humanos? ¿no pensaríamos muchos como el marido fallecido de Kelly? No tiene sentido vivir una mentira ¿no?

Hay opiniones para todos los gustos pero el día que esto sea posible, el evitar la muerte y entrar en una realidad virtual eterna, esos servicios se contratarán en masa. El ser humano es una criatura biológica y pasaría a ser una criatura cibernética. Todo cambiaría, la muerte sería vista como una reliquia del pasado que se estudiaría no en las clases de filosofía sino en las clases de arqueología. La muerte formaría parte de un museo y nosotros de un programa de ordenador ¿Es una alternativa posible? Sí, desde luego ¿Es agradable imaginarlo? Todo depende del enfoque. Nosotros, yo como articulista y usted como lector, somos seres conscientes de nuestra futura muerte y, en mayor o menor medida, la hemos aceptado como natural. En ‘San Junípero’ hay un escupitajo a la cara de la parca pero, ojo, que también puede ser un escupitajo a la vida. Al menos a la vida tal y como la conocemos.