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Isabelle Huppert: la eterna intensidad

La actriz francesa de 63 años que ya había trabajado con Michael Cimino, Michael Haneke, David. O.Russell, Francois Ozon, Claude Chabrol, Curtis Hanson, Jean-Luc Godard… ha estrenado en estas dos semanas, por un lado, Elle (bajo las órdenes del director neerlandés de Desafío total e Instinto básico: Paul Verhoeven) y El porvenir (de la directora francesa Mia Hansen-Løve).

Es una de las pocas actrices que se atreven con todo, cuya presencia en las películas suelen ser garantía de un gran guión y que no le importa enfrentarse con personajes inmorales o extremos. Su elegancia y sofisticación le han regalado, al igual que a la maravillosa Cate Blanchett, grandes trabajos en los que sucede un pequeño milagro: crear esa sensación de que Huppert era la mejor opción para hacer dicho papel, porque realmente era la única opción. La elección correcta es siempre única.

captura-de-pantalla-2016-10-02-a-las-18-36-13Fotograma de Elle (Paul Verhoeven, 2016)

Elle fue la que debería haber ganado la palma de oro en la pasada edición del festival de Cannes (así se nos retransmitió a través de medios diversos), pero según parece el señor George Miller (Mad max: Fury road), presidente del jurado de la sección oficial de Cannes, tenía otros planes en mente que no incluían premiar al señor Verhoeven. Elle es de esas películas que cumplirían con la premisa que exigía Luis Buñuel para toda obra: “El misterio es el elemento clave en toda obra de arte”. Sí, es una película misteriosa y turbadora, pero ¿de qué va Elle realmente?

Michèle (Isabelle Huppert) es una mujer indestructible. Dirige una gran compañía de videojuegos y se maneja con mano de hierro tanto en lo profesional como en lo emocional. Su vida gira completamente cuando es violada por un misterioso enmascarado en su propia casa. Sin embargo, después de ser atacada, Michèle no llama a la policía ni derrama una sola lágrima. Simplemente limpia el lugar de los hechos, se da un baño y trama una venganza. Decidida, Michèle buscará a su agresor. Será entonces cuando las repercusiones empiecen a aflorar con la promesa de escapar al control de Michèle.

Elle sigue dos caminos muy distintos; por un lado la violación con la que inicia la película a través de los ojos de un gato negro que resulta el único testigo de un acto terrorífico, deleznable y amoral. Su protagonista, recién violada, se levanta, limpia y se da un baño. Por otro lado, está la desestructurada vida familiar, social y laboral de Michèle en la que se tienen en pie una madre obsesionada con los hombres jóvenes y atractivos, un padre psicópata que cometió más de una veintena de asesinatos cuando Michèle tenía solo diez años, un hijo sin trabajo y perdidamente enamorado de una joven manipuladora, un ex marido deprimido en medio de una crisis de mediana edad, y una vida social y vecinal llena de oscuros secretos. Michèle es una psicópata en potencia, una mujer carismática y atractiva salpicada de toda clase de violencia y perversión pero absolutamente limpia de efectismos al mismo tiempo. Nada le afecta ni le duele. Su perversa inteligencia solo sirve para alimentar sus lascivos propósitos: la venganza y un recién descubierto sadomasoquismo que le devuelve la llama del placer.

Elle es una de las mejores películas del año, una de esas películas cuyo tono están implícitos en actores, guión y dirección. Todos los apartados de la película van en el mismo rumbo: dar vida a la enigmática Michèle. Un guión que fue rechazado en Estados unidos, en palabras de su director, por la inmoralidad de la obra. “Ninguna actriz querría dar vida a Michèle”. Menos mal que Huppert existe y que se atreve con todo. La película es una obra de arte llena de misterio que nos devuelve una mirada misteriosa sobre las pulsaciones sexuales, la psicopatía y las relaciones familiares vista desde una vertiente cómica y siniestra al mismo tiempo.

captura-de-pantalla-2016-10-02-a-las-18-36-20Fotograma de Elle (Paul Verhoeven, 2016)

Por otro lado, hace dos semanas Huppert estrenó en España El porvenir, de Mia Henson-Løve. Una película que no discierne mucho de Elle en algunos aspectos. En El porvenir, Huppert da vida a Nathalie, una profesora de filosofía en un instituto que se enfrenta a cambiar todos sus dilemas y normas vitales ya que, de un día para otro, se ve completamente sola. A Nathalie no le pasan pocas cosas: le abandona su marido, la despiden, sus hijos vuelan del nido… todo recién cumplidos los sesenta. ¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que se hace un personaje que lleva una vida culta, cómoda y burguesa y que descubre que las respuestas de los dilemas existenciales no están siempre en los libros que tanto ama, y a los que tanto se aferra.

El marido de Nathalie se va con una chica muy joven y, pese a todo, Nathalie no decide tirarse a la basura ni como ser humano ni como mujer. Las heridas, algunas incurables, le duelen pero Nathalie no para de hacer cosas todo el rato en pantalla. No existen situaciones clicheadas sobre la madurez femenina. La película de la francesa Henson-Løve está por encima de todo eso. La vida avanza, cambia, se destroza y renace de sus propias cenizas. La vida no es estática, sino dinámica. No hay normas escritas capaces de alterar nuestros destinos en base a nuestros deseos, imposibles, de control sobre los acontecimientos que rodean nuestras vidas y la de los demás. La respuesta es la vida con mayúsculas, nada más y menos.

captura-de-pantalla-2016-10-02-a-las-18-36-43Fotograma de El porvenir (Mia Hansen-Løve, 2016)

En medio de todos esos dilemas, hay una figura materna extravagante que fue modelo de joven pero que actualmente es carne de geriátrico. Las presiones existencialistas y el pensamiento sobre la muerte asciende en un creciendo de desconcierto vital unidos a la edad. Pero aquí, y esto es lo importante, se rompe la cara tan repetitiva sobre la madurez femenina. Nathalie es fuerte aunque le duelan las cosas. Encuentra su libertad cuando, tras perder a todo el mundo, afirma con satisfacción: “Al perder a mi marido, mis hijos y mi trabajo… he reencontrado mi libertad. Una libertad total. Es extraordinario.”

El porvenir es una lucha radical contra el pesimismo ocasionado por el rechazo, la soledad o el desconcierto. Nathalie es un personaje perdido pero no por ello es débil. Nathalie fue comunista en su juventud, se rebeló contra sistemas políticos e injusticias sociales varias… pero ahora eso es cosas de sus estudiantes. Nathalie se rebelaba para apelar a la experiencia humana de la rebeldía. Una vez eso sucede, Nathalie se da cuenta de que su guerra no es contra el sistema educativo o político (ya que son cosas que son responsabilidad de la juventud), su guerra es la peor de todas: la perteneciente a sus ideales propios. Sin duda, Huppert ha nacido para interpretar personajes de carácter intenso, fuerte e irrompible. Sus papeles son tan humanos que nos devuelven la mirada más clarividente que puede darse en una sala de cine: la nuestra.