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Black Mirror vuelve con sobredosis de tecnología, oscuridad y humanidad

Black mirror ha aparecido de nuevo la mañana del viernes 21 de octubre en Netflix, con una tercera temporada compuesta por seis episodios nuevos. La serie, caracterizada por denunciar el espíritu peligroso, corrupto y oscuro que rodea la tecnología alrededor de nuestra humanidad (aniquilándola), vuelve con un piloto dirigido por nada más y menos que Joe Wright (Expiación: Más allá de la pasión/ Anna Karenina/ Orgullo y prejuicio) y protagonizado por la maravillosa Bryce Dallas Howard, en la que probablemente sea una de las mejores interpretaciones de la carrera de esta maravillosa actriz.

El capítulo se titula Caída en picado y trata el tema del fenómeno del “postureo” como pizarra de una infelicidad, inseguridad y patetismo desbordantes en una, como siempre en Black mirror, muy creíble y posible realidad futura en la que la felicidad se mide con los votos del prójimo sobre la persona propia, del 1 como mínimo al 5 como máximo.

(ATENCIÓN: EL SIGUIENTE ARTÍCULO ES UN ANÁLISIS DEL PRIMER EPISODIO DE LA TERCERA TEMPORADA DE BLACK MIRROR QUE CONTIENE SPOILERS)

Lacie vive en un mundo donde reina la felicidad y la armonía envuelta en la imagen pública alrededor de un mundo distópico donde la frustración se disfraza con una sonrisa ante el “postureo” a través de las redes sociales. El hermano de Lacie no es cómplice de ese mundo, pero ella sabe que él está equivocado porque ¿quién no querría tener 5 puntos en la red social (en lo que es una crítica absoluta a los “me gusta” de Instagram y Facebook) y sentirse importante ante las, denominadas así en el episodio, personas “de calidad”?

Las personas de calidad son aquellas puntuadas con 5 estrellas o sobrepasando el 4.5, en cada interacción o subida a la red que realizan. Lacie tiene una gran media pero ¿es realmente la mejor? Según el posicionamiento de la serie, las personas “de calidad” son aquellas valoradas con las mejores puntuaciones (las que son guapas, felices, hacen deporte, tienen pareja, dinero, disfrutan de su tiempo libre, etc…)

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Evidentemente, ser una persona “de calidad” es muy duro, ya que conlleva mostrar una máscara continua. Aun así, Lacie está dispuesta a todo por alcanzar esa media con la que, además de destacar socialmente y tener la fe ciega de que será feliz, podrá comprar la casa de sus sueños, puesto que en esta ficción, con una media de cuatro coma cinco en su perfil, se le generaría un 20% de descuento la compra de la casa “perfecta”, en su mundo idílicamente “perfecto” aunque falso.

Lacie recibe un día la llamada de una persona “de calidad” que fue amiga suya en la infancia, Naomi, (cuya media en la red es de 4.8 puntos), quien le pide que sea su dama de honor en su boda, que se celebrará en un mes. Es entonces cuando Lacie descubre que sus sueños, fabricados, de popularidad, felicidad y apariencia estarán al alcance de su mano ya que no solo se juntará con cientos de personas “de calidad” en dicha boda, sino que todos ellos la votarán con altas notas. Ahora bien, la cuestión es: ¿Cómo conseguir esa nota ante toda esa gente? ¿Cómo conseguirá que la amen tanto como para votarla con altas calificaciones? Lo único que no duda Lacie es que su felicidad dependerá de la aprobación de los demás.

“En este mundo de hoy día en el que estamos tan ensimismados es difícil ver la realidad… pero estar hoy aquí y ver la felicidad que Paul ha llevado a la vida de Naomi… Sé que es alguien que de verdad me importa…”Neinie”, la niña que empezó a hablarme con cinco años en el campamento… se acercó a hablarme por qué vio que estaba asustada… La niña que me ayudó a hacer a “Don trapito” ¡Aún lo tengo! Lo pongo en mi mesa… y cada día me recuerda a ti… lo que significaba antes y ahora… Es un auténtico honor estar aquí y te deseo toda la felicidad que este estúpido mundo pueda ofrecer… Te quiero “Neinie” … ¿Llorar es demasiado?”

Así ensaya Lacie el discurso que tiene que pronunciar en la boda de Naomi para adquirir el prestigio social que tantísimo ansía. Se trata de una falsedad instaurada socialmente y de una obsesión por la felicidad y por su apariencia que domina al personaje; un personaje que representa al ciudadano medio del mundo contemporáneo. Un mundo que recrea en Lacie todas nuestras frustraciones sobre la felicidad. El hermano de Lacie le dice que la casa que desea comprarse es en realidad una cárcel de falsas sonrisas. Lógicamente, Lacie no presta atención a estas palabras dichas por una persona con una media de 3 puntos en las redes sociales, mientras ella tiene un 4.2.

La asistencia a la boda de Naomi será un completo infierno que llevará a Lacie a pasar de ese 4.2 a un penoso 3.1, en rápido descenso. La ceguera del personaje es enorme, pero desde la perspectiva del espectador, y esto es lo terrorífico de este capítulo, uno tienda casi a comprenderla, y a entender que ese mundo ficticio de locura podría ser el nuestro. Lacie sigue insistiendo en mantener como eje central de su vida, y de la historia, el discurso que debe leer en la boda de Naomi, “Neinie”, que le regalará amor y prestigio social pese a tener mil señales de que lo que hace todo el rato, para el espectador desde luego, es el ridículo.

Lacie acaba viajando a la boda con la única persona dispuesta a ayudarla: una “1.8”. Este personaje de 1.8 puntos en la vida social reflexiona con Lacie sobre el cansancio que supone pretender agradar todo el tiempo a los demás con tal de ascender en el perfil de la malvada red social a la que todos están enganchados. “La sinceridad no le gustaba a mis amigas…se portaban como si me hubiera cagado encima de la mesa; pero no sabes lo bien que sienta joder a esos cabrones. Era algo parecido a quitarse unos zapatos apretados. Deberías probarlo” le dice la 1.8. Pero Lacie, cabezona, insiste con una tan disparatada como, por desgracia, realista visión de la realidad: “Quiero mirar a mi alrededor y ver cosas que me digan… que estoy bien y contenta. Aún estoy muy lejos de eso pero hasta que lo alcance debo jugar a los numeritos… Todos lo hacemos, así funciona este mundo”.

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¿Realmente podemos odiar a Lacie por ser una frustrada con los pies fuera del suelo cuando, tanto nuestra sociedad como la distopía de la serie, está enferma de tecnología? En este capítulo, y esto es lo interesante también, la red social en la que todo el mundo se vota del 1 al 5 diariamente está institucionalizada de forma que se genera desigualdad, rechazo, marginalidad… Lacie quiere pertenecer a la “alta esfera” de su mundo para no caer en el rechazo, desprecio, en el vacío de la soledad que le esperan a aquéllos que no sean “un 4.5”. En la realidad de la historia todos lo ansían o, por lo menos, no se esfuerzan tanto por ocultarlo como en nuestra realidad, la de nuestro mundo.

Finalmente, Naomi no quiere que Lacie sea su dama de honor, pese a la odisea que Lacie ha sufrido para ir a la boda de una persona que, en realidad, no le importa nada. Naomi quería lo mismo que Lacie, manipular su suerte y su destino con falsas palabras con las que lograr ascender en el rango del prestigio social. Lacie es como Naomi y Naomi es como Lacie. Las dos son iguales en una sociedad obsesionada por la felicidad y la perfección, donde lo único que se logra realmente es una ambición malsana, falsedad, angustia, depresión y locura.

Finalmente el discurso que pronuncia Lacie es: “He admirado a Naomi prácticamente toda mi vida. Ella se sentía superior a mí pero siempre con una sonrisa… Siempre quise ser como tú, por eso, creo, fuimos amigas tanto tiempo…. Hasta que lograste tu nuevo trabajo, tus elegantes nuevos amigos y… a ese puto gilipollas (refiriéndose al recién casado marido de Naomi). Y ya no me necesitabas. ¡Te quiero Naomi, siempre te he querido! ¡Te quiero, te quiero, te quiero!”

Es lo que grita Lacie antes de ser arrestada y alejada de la boda y de su sueño fabricado por una sociedad enferma. Lacie dice quererla; hasta sus últimas consecuencias es un perrito faldero y una esclava de la idea de perfección (simbolizada en Naomi, la puntuación de la red social y en un peluche llamado “Don Trapito”, símbolo de la traición ejecutada por Naomi). Finalmente acaba en prisión, el destino de aquellos que dicen la verdad por muy dolorosa que sea, y es allí donde tiene un encontronazo con otro preso, momento en el que libera las verdaderas palabras que su alma se muere por expresar: QUE TE JODAN. Aunque esas palabras nunca llegaron al oído de Naomi, el prototipo de persona a la que es necesario admirar y amar pase lo que pase, ya que el mundo es dirigido por muchas y muchos Naomis perfectos.